El Primero de Mayo es alegría

Autor:

ROBERTO MULET DANGER

Era un niño y estaba en segundo grado cuando participé en un Primero de Mayo por primera vez. Recuerdo que «metí» la perreta más grande del mundo, porque en el desfile pasamos frente a una piscina y yo me antojé de bañarme. Mi madre y los que andaban con nosotros empezaron con el «Niño, pórtate bien» y esas cosas. Pero al final, cuando todo terminó, me llevaron para la piscina. Porque yo seguía con el llanto.

Eso ocurrió en Moa, que es una ciudad industrial. Siempre lo que tengo en la memoria es el Primero de Mayo como una fiesta. De muchachito la imagen que guardo es de mucha gente con carteles, algo grande y mucha conga, alegría y las personas bailando. Y esa es la concepción que yo tengo del Día de los Trabajadores. El de una fiesta.

Por eso si me pregunta porqué uno desfila, empiezo por ahí. Porque es la fiesta de nosotros. El momento en que todos nos reunimos con alegría, en familia.

Por otro lado —aunque suene a teque, pero es la verdad—, cuando uno escucha las noticias o los cuentos de personas que viajan, puede que uno perciba el Primero de Mayo como una triste bronca con golpes, hasta disparos y obreros que reclaman al Gobierno muchas garantías.

Aquí eso es distinto. Tenemos mil problemas, es la verdad. La vida está cara, los salarios resultan difíciles; construir una casa se convierte en un problema; en la fábrica muchas veces hay dificultades con la materia prima. En la calle te encuentras a personas que te valoran por lo que tienes arriba, por la «pacotilla», y no por quién eres de verdad como ser humano, como hombre, para decirlo claro.

Sin embargo, tenemos otras cosas. Hay seguridad ciudadana. No hay pandillas ni tú andas con el miedo de que te caigan a tiros o te secuestren a ti o a un familiar. No existe el fenómeno de la drogadicción. La gente no ha perdido la decencia, pienso yo, a pesar de los problemas y que uno se encuentra con algún sinvergüenza. Tú identificas muchas personas solidarias, que no están con el dinero metido en la cabeza.

Y está todo lo que se ha hecho con la Revolución y que debemos defender. ¿Por qué? Por la cantidad de gente que se sacrificó y por la garantía de tener Patria. Por eso hay que ir al Primero de Mayo. Para apoyar todo lo que se ha luchado, y para unirnos más en lo que tenemos que hacer por delante.

Yo no concibo un Primero de Mayo triste. Si la gente no arrolla con una conga, es porque en la base no se trabajó. No se pusieron carteles, no se embulló al colectivo y no se hicieron las iniciativas. Al contrario, en otros lugares pones a los trabajadores a actuar, y eso camina prácticamente solito.

La experiencia a mí me dice que hay muchos jóvenes, no importa si usan tatuajes o aretes —yo uso un par, por ejemplo—, que batallan por la Revolución y el trabajo, y van al Primero de Mayo.

Aquí siempre tratamos de cuidar al joven y más cuando es buen trabajador. En la asamblea de la Juventud fue uno de los planteamientos de los militantes, y se nos ha respetado. Por eso cuando usted convoca a los jóvenes, no le dan la esquina; les toca la fibra y ellos responden. Es esa la verdad.

*Joven obrero, de 25 años. Operario A de la línea de plástico reforzado con fibra de vidrio en la Empresa Mecánica Indalencio Montejo, de Ciego de Ávila.

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