Día de la Victoria: entre viejas y nuevas guerras

Autor:

Javier Alberto Piloto Rodríguez

Este nueve de mayo el mundo celebra el 70 aniversario de la victoria sobre el fascismo en la II Guerra Mundial. Fue en esa fecha, pero del año 1945, cuando las tropas soviéticas tomaron Berlín e izaron la bandera de la hoz y el martillo en lo alto del Reichstag como muestra de triunfo.

La celebración cada año del Día de la Victoria, tal y como se le conoce desde tiempos soviéticos, sigue siendo hoy motivo de júbilo en la actual Federación de Rusia, máxime cuando las potencias occidentales se empeñan en disminuir el papel del Ejército Rojo sobre el eje Berlín-Roma-Tokio.

De los 55 millones de muertos que produjo la conflagración mundial, 27 millones pertenecen a la Unión Soviética. Fueron 1 418 días de intensos combates en que los soviéticos dieron muestra de heroísmo y cuyas hazañas alentaron a los movimientos de liberación nacional de todo el mundo, los cuales tomaría auge desde ese momento.

Las actuales campañas propagandísticas de los emporios occidentales de medios de comunicación no son causales. Ellas van muy bien articuladas con los discursos políticos de los líderes de estas naciones, cuyo objetivo de fondo es restar méritos de toda clase a Rusia ante la opinión pública internacional.

Naturalmente, esto no se trata solo de un juego de revisionismo histórico, tal estrategia se conecta con los más recientes acontecimientos en Ucrania y el renacer de Rusia como potencia diplomática, económica y militar en el escenario mundial, como miembro fundador del grupo de los BRICS.

Para entender mejor este asunto debemos remontarnos a la década de los 90 del siglo pasado, cuando una Rusia débil y sumisa seguía el juego a los EE.UU. en su nuevo rol de monarca indiscutible en un mundo completamente capitalista. En ese tiempo la crisis general en que vivía la nación euroasiática la llevó a caer al rango de país tercermundista. Borís Yeltsin, el presidente ruso de entonces, apoyó y respaldó las agresiones de Washington en el Oriente Medio, y tuvo que observar impotente cómo masacraban a sus hermanos de la Yugoslavia ex socialista.

No fue hasta finales de esta década que comenzó a cambiar su paisaje, cuando la subida de los precios del petróleo ayudó al mejoramiento de la economía nacional y con ello a la paulatina recuperación de su posicionamiento en el escenario global. A esto se une la llegada al poder de Vladímir Putin en el año 2000, quien plantó cara a los oligarcas y puso orden en el caos que reinaba en esa nación.

Desde entonces Rusia ha retomado su liderazgo como potencia regional y más tarde a nivel mundial entre los principales actores políticos y económicos. Esto no le ha hecho mucha gracia ni a los EE.UU. ni a la OTAN, acostumbrados a la impunidad de sus acciones sin que un rival considerable les hiciera frente. Desde entonces la OTAN se ha extendido más al Este y ha cercado a Moscú con toda clase de material bélico, aludiendo para ello a cualquier excusa.

Podemos encontrar entonces en este contexto la campaña difamatoria de Occidente sobre los méritos y el accionar de los soldados soviéticos en tiempos de la II Guerra Mundial. Ello forma parte de una guerra sicológica en que las potencias de la OTAN inculcan sutil y abiertamente a sus ciudadanos todo tipo de menosprecio hacia el pueblo ruso. De esta forma, tal y como ha ocurrido en las cruzadas contra naciones árabes, no sería difícil enviar soldados a luchar contra Rusia, teniendo el apoyo de la ciudadanía.

Con la guerra civil desatada en Ucrania el año pasado, Washington no ha tenido que esforzarse mucho para ganarse aliados y toda clase de respaldo en su porfía contra Moscú. De este modo, tenemos al presidente de Polonia, Bronislaw Komorowwski, quien recientemente ha calificado al desfile por el 70 aniversario como una «demostración de fuerza» por parte de Moscú, demeritando el valor histórico de la fecha.

Al mismo tiempo, la OTAN anunció hace unos días que estableció con el alto mando del Kremlin una línea de comunicación directa, según informó el diario Franfurter Allgemeine, citado por Cubadebate. Ello ocurre por vez primera desde tiempos de la Guerra Fría.

La celebración del Día de la Victoria sobre el fascismo contará con la presencia de unos 30 Jefes de Estado, entre quienes se encuentra el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba. Otros, como el Primer Ministro de Japón, han afirmado que no asistirán.

Vladímir Putin lleva años insistiendo en que no podemos permitir que se reescriba el pasado, pues ello estimula que se retomen las tendencias fascistas, tal y como se observa hoy en varias naciones de Europa. Este 9 de mayo será un buen momento para que le tomemos el pulso a los ánimos bélicos, que por estos tiempos insisten en reavivarse desde que el nazi-fascismo fuera derrotado en 1945.

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