Preguntas en el umbral

Autor:

Mónica Brizuela Chirino

Queda poco tiempo para el día señalado. La ansiedad, la tensión, el miedo... Emociones y sensaciones en función de ese momento. Para algunos, la barrera se llamará Tesis; para otros, Prueba Estatal. Todos, sin embargo, saben que se enfrentan a la delicada línea tras la cual quedarán lejos los años de estudiante universitario y comenzará la vida de trabajador, con orgullo y todo para firmar como licenciado o ingeniero.

Luego de cinco, seis o más años de estudio en la Educación Superior, este ejercicio definitorio implica muchas interrogantes. ¿Cómo sucederá? ¿Estará a la altura del esfuerzo anterior? ¿Conjugará con las ilusiones atesoradas por alumno, maestros y familias? Y después de esa meta, ¿qué? Al día siguiente, ¿qué?

Para las primeras preguntas, la respuesta obviamente está en lo acumulado, en los conocimientos, vivencias, en la biblioteca mental que cada quien fue capaz de nutrir mientras duró su recorrido por los altos estudios. Para las segundas, el contestar se abre más a lo desconocido.

Enfrentarnos a lo nuevo, a una etapa que ha de ser cualitativamente superior, o al menos bastante distinta, puede que sea el primer gran reto del inicio laboral. El nivel de responsabilidad más alto, la seriedad de los asuntos a los que ahora debemos dar solución, la carga sobre nuestros hombros en una etapa en la que, también, la madurez biológica impulsa a llenar con familia propia, proyectos, hijos... aparecen en el horizonte como señas del camino.

Entonces, quizá, nos damos cuenta de la ayuda inconmensurable que significó la etapa universitaria. Desde una frase, un libro, una clase, una conferencia, un profesor, un amigo, el compañero del lado y hasta una fiesta, cada estación de ese recorrido nos enseñó algo para lo que vendrá. Y lo más grande: nos enseñó a pensar. A no mirar la vida con dogmas y tratar de alcanzar la mayor realización personal y colectiva, espiritual y material.

Y sí, puede que esas ambiciones sean demasiado altas; puede que la suerte de trabajador nos depare muchos sinsabores, empezando, en nuestro contexto, por la necesidad de retribuir mejor económicamente el saber y el trabajo; pero más allá de todo, siempre hay puertas que se abrirán solo con la inteligencia y el empeño propios, solo con la virtud sostenida.

De eso se trata, de sostener los escudos de la virtud contra todas las ventiscas; que hoy pueden ser un tribunal o una prueba; mañana, las responsabilidades de un empleado estatal o cuentapropista, y más adelante, las de una madre o padre de familia, que ha de armar y sostener un hogar.

Bastantes desafíos, ¿no?

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