La verdad desde las encuestas

Autor:

Juana Carrasco Martín

No pocas veces manipuladas por las preguntas o la forma de presentar la interrogante, las encuestas son un instrumento de uso cotidiano en Estados Unidos que, se quiera o no, reflejan el estado de ánimo o la posición de mayorías y minorías de ese país. Se utilizan por igual para saber cuánto gusta un programa de televisión y decide si este queda o no en pantalla o para seguir a diario la aceptación del Presidente por la ciudadanía.

Que luego se tomen medidas para corregir decisiones o para no llevarlas a vías de hecho es harina de otro costal. Pero ahí están para mostrar, al menos para la historia, como en no pocas ocasiones se le dio la espalda al pueblo.

El portal web antiwar.com ponía por estos días en su portada estos resultados de indagaciones de empresas bien reconocidas en el ramo: «Una nueva encuesta CNN/ORC muestra que la mayoría de los norteamericanos —55 por ciento— se opone a enviar de vuelta a Iraq a tropas de EE.UU. Una encuesta de Rasmussen es más alentadora: el apoyo a enviar las tropas ha bajado de 52 por ciento en febrero, a 35 por ciento hoy».

Mientras tanto, ¿qué sucede en los círculos de poder estadounidenses respecto al país mesopotámico? —sometido ahora a la prolongación de una guerra interminable, en la que el grupo terrorista autoproclamado Estado Islámico arremete con fuerza, al parecer incontenible, para instaurar allí y en Siria su imperio extremista e intolerante.

A la chita callando, como diría mi abuela, el Pentágono ha comenzado a enviar nuevas remesas masivas de armas a Iraq. De sobra se conoce que tras las armas llegan las tropas, que por demás están allí, aunque en menor cantidad y dedicadas supuestamente solo a la seguridad de la pantagruélica Embajada estadounidense en Bagdad y al entrenamiento de un ejército que parece no responder con efectividad en su función de protector del Estado.

A 1 600 millones de dólares ascienden los fondos para este propósito de «ayuda» y a pesar de tan enorme suma el primer ministro iraquí, Hayder Abadi, estuvo la semana pasada en la cumbre de París, quejándose de que les llega poco.

El pasado año, el Congreso de EE.UU. creó el Iraqi Train and Equip Fund (ITEF), y desde entonces ametralladoras, morteros, lanzadores de granadas y de cohetes antitanque AT-4 han sido transportados hacia el escenario bélico. Según Elissa Smith, vocera del Pentágono, un número adicional arribará en las próximas semanas, especialmente para las fuerzas paramilitares de kurdos iraquíes, los Peshmerga, un punto de fricción con el Gobierno central chiita de Bagdad porque avizora un potencial secesionismo.

A todo esto se unen los golpes aéreos, el entrenamiento y la vigilancia aportada por Washington, pero Obama mantiene que no tendrá «botas sobre el terreno». Sin embargo, son muchas las presiones en contra de esa promesa.

En estos momentos, cuando la campaña electoral para la presidencia comienza a tomar forma —los comicios serán en noviembre de 2016—, cinco aspirantes del Partido Republicano quieren enviar tropas a Iraq y Siria. A estos especímenes, que nunca han servido en las fuerzas armadas, se les conoce por eso como los halcones-gallina. Como enrolarse es cuestión de voluntariedad, apenas el 20 por ciento de los políticos que deciden las guerras han asumido ese «honor».

Ellos son el senador por la Florida, Marco Rubio, quien quiere «acabar el trabajo»; Rick Santorum, ex senador por Pennsylvania, ha llamado a Obama a «doblar» el numero de «asesores» en Iraq, que ahora suman los 3 000; el senador por Texas, Ted Cruz, enarbola el fantasma de que el Estado Islámico puede lanzar «un ataque mayor» en EE.UU. y deben poner las tropas en Iraq y Siria para «cumplir la misión» antes de que asesinen a estadounidenses.

Un cuarto guerrero de este grupo de neoconservadores tradicionales es el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, quien exhorta a una expansión de las respuestas militares, incluida la presencia de soldados norteamericanos contra el Estado Islámico; y completa la quinta punta George Pataki, quien fuera gobernador del Estado de Nueva York, y describe la situación al mejor estilo de un guión de filme hollywoodense: «…enviar tropas, destruir sus centros de formación, destruir sus centros de reclutamiento, destruir la zona en la que están buscando para planificar atacarnos aquí y luego salir».

Nada que ver estos «presidenciables» con la ciudadanía, pues siguen parados sobre los fundamentos de la Guerra Fría y dispuestos a calentarla en cualquier lugar del planeta.

¿Están solos?, por supuesto que no. El Quadrennial Defense Review 2014, el programa de defensa del Pentágono, afirma que el ejército de Estados Unidos tiene que estar preparado para actuar en Europa, Oriente Medio, África del Norte, Asia del Sur, la región de Asia-Pacífico y América Latina.

Entonces, no subestimemos a los políticos de EE.UU. ni a sus militares. ¿Las encuestas? Estas no tienen ninguna importancia…

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