Los nuevos códigos

Autor:

Yusuam Palacios Ortega

Hace ya muchos años, Sergio y Luisito Saíz Montes de Oca, dos jóvenes paradigmáticos, se preguntaron ¿Por qué luchamos? Suficientes razones tenían para librar la heroica lucha que emprendieron. Hoy, en pleno siglo XXI, también tenemos razones suficientes para luchar, con las esperanzas y desafíos de nuestros jóvenes, del pueblo cubano lleno de historia, porque somos eso: hacedores de historia; de un presente que demanda de nosotros un ejercicio constante del pensar, de ir a las honduras de los problemas que tenemos, estudiar mucho y prepararnos bien para identificarlos, colocarlos en el punto de mira y proponer soluciones.

Son estos retos y exigencias los que tiene ante sí el X Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas: por una juventud cada vez más dinámica, inclusiva y transformadora. Es necesario que pensemos Cuba. Implicarnos y participar no ha de ser una simple quimera o un estribillo que ya ha dejado de convocar, de motivar, de formar conciencias; ha de ser un hecho palpable, con matices diversos, pero que sea creíble. Tenemos que creérnoslo, asumirlo y salir al camino con la convicción de que haremos nuestra la Revolución; tenemos que conocer Cuba, su esencia, historia, riquezas y pasión.

¿Por qué luchamos hoy los jóvenes en Cuba? La guerra que se nos hace es muy fuerte, es a pensamiento, y creo que no hay otra salida que ganarla a pensamiento. Razón tenía el Maestro cuando lo expresó. Y es que la batalla de hoy pasa por la cultura, por la siembra constante, sistemática y atractiva de ideas, del civismo necesario para vivir en comunidad, de entrenar la fiera que dentro de nosotros está y mantenerla dormida, aislada, pues para ello tenemos las riendas.

Pero mientras no seamos capaces de vencer el egoísmo personal, de trabajar con nuestras propias manos, de pensar por sí y no permitirnos a nosotros mismos que extraños nos conduzcan, estaremos en un claro estado de indefensión ante las propuestas enajenantes y colonizadoras de la guerra cultural.

Luchamos por mantener las conquistas revolucionarias y preservar la obra más hermosa que ojos humanos hayan visto. Luego no debemos conformarnos con eso, ser complacientes y vivir de las glorias pasadas, como si no hubiese nada más que hacer. Hemos de vencer los límites de lo posible, hacer nuestra la Revolución, vivirla en su esencia, que es transformadora, creadora, hacedora de ideas y proyecciones; romper las cadenas que intentan enclaustrarnos el pensamiento, discutir, debatir, examinar críticamente la realidad en la que vivimos, aportar ideas y dar nuestros puntos de vista, en fin, participar de la vida política, económica y social de la nación.

Y nos toca, no es asunto para nuestros padres. Ellos están ahí, guiándonos; ellos por sí solos movieron el mundo; su autoridad se fraguó en el combate duro, con las armas y las ideas, arriesgando sus vidas cada minuto, tomando el cielo por asalto. Nosotros hemos de fraguar la nuestra y asumir los nuevos códigos, los de la juventud, los que se encuadran perfectamente en nuestras vidas, pues como dijera Salvador Allende: «Ser joven y no revolucionario es casi una contradicción biológica».

Solo que esos nuevos códigos son esencialmente en la forma, pues el contenido, lo sustancial que nos identifica, ha de preservarse incólume. Adecuémonos al momento presente, aunque no dejemos que la adecuación nos cueste un retroceso, ni empañe o debilite los principios que hoy nos sostienen.

Los nuevos códigos de la juventud nos hacen ser más críticos, reflexivos y atentos; son códigos de estos tiempos, en los que las cosas hay que explicarlas mejor, con más argumentos, porque de lo que se trata es de convencer y no de vencer, de ir a las esencias de las cosas para luego entenderlas y, por qué no, asumirlas, amarlas y defenderlas.

Hay que ser muy creativos y mover a la juventud, sacarla del anquilosamiento, lograr un verdadero activismo juvenil desde, por y para la Revolución, porque si de algo estoy convencido es de que vivir la Revolución nos hará más fuertes.

Hagamos pues una política al aire libre, oxigenémosla con las ideas y el espíritu de los jóvenes, dialoguemos francamente, intercambiemos revolucionaria y martianamente. Recordemos que Patria es humanidad, es la porción de humanidad en que nos tocó nacer y que más cerca tenemos, es ante todo la Patria de todos los cubanos, verdaderos hijos de ella.

Son nuevos códigos que pasan por la peculiar forma de utilizar el lenguaje de los jóvenes, los gustos por las diversas manifestaciones del arte y la cultura, las necesidades que hoy demandamos como un sector muy dinámico, atrevido, en sí mismo dialéctico, que adolece de mucho, pero que tiene también mucho que aportar.

Hagamos entonces, juntos todos, el necesario ejercicio de trabajar con el pensamiento, formemos al nuevo intelectual con inquietudes revolucionarias, preparémoslo para el debate transformador, cuidemos su esencia, no lo despojemos de la eticidad de la escuela cubana de pensamiento y de la acción profundamente humanista que nos legaran nuestros muertos. Formemos, como Fidel, a un intelectual que lleve en su corazón las doctrinas del Maestro: esos son también los códigos nuevos.

*Presidente del Movimiento Juvenil Martiano

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