La voz eterna de Adriano Rodríguez - Opinión

La voz eterna de Adriano Rodríguez

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Flor de ausencia es una canción que uno escucha una y otra vez. A la voz de Pablo Milanés le hace una sinergia exacta la de Adriano Rodríguez (Guanabacoa, 27 de septiembre de 1924), vocalista esencial de la música cubana en las últimas seis décadas y quien partió hacia la eternidad en la tarde del jueves, según dio cuenta una nota del Instituto Cubano de la Música.

Rodríguez legó muchos otros dúos, exquisitos, insustituibles. Su voz de barítono acompañó no solo a Milanés, también a Paulina Álvarez, Dominica Vergés, Guarionex Garay, Barbarito Diez, Celia Cruz, Carlos Embale, Laíto Sureda y a Edesio Alejandro, con quien en los últimos años se le vio con asiduidad.

Todavía recuerdo la emoción de Adriano cuando se le concedió el Premio Nacional de Música en 2013 en el Teatro Nacional, junto con el maestro César «Pupy» Pedroso. El lauro reconocía toda una vida dedicada al arte, a esa intensa manera de cantar que fue perfilada por su maestra Iris Burguet, y también por la Academia de Música de Guanabacoa, el Conservatorio Municipal de La Habana y el Seminario de Música Popular.

Es que fue herencia familiar lo de su música. Adriano tenía el ejemplo en casa y los que lo conocían coinciden en que gustaba de disfrutar desde lo culto hasta lo más popular, y que veneraba a Pedro Vargas, a quien consideraba un maestro en la distancia, pues escuchándolo aprendió sobre dicción, articulación y dosificación de la voz.

Dueño de una potente tesitura vocal, Rodríguez la moldeaba para cultivar con soltura nuestro folclor, la trova y el arte lírico. En esta última manifestación fue acompañado por pianistas de la talla de Frank Emilio Flynn, Nelson Camacho y José Lauzán. Pero no se quedó solo en el canto y se atrevió a desempeñar el papel del esclavo  Pedro en Cecilia Valdés, bajo las órdenes del director Roberto Blanco, quien lo incluyó en las puestas de 1978, 1979, 1980 y 1982.

Siempre inquieto, Adriano fue fundador de varias agrupaciones, entre estas el Coro Polifónico Nacional (hoy Coro Nacional) y el grupo Trovadores Cubanos, en el que se mantuvo hasta 1973.

Escenarios de afamados cabarets habaneros como Tropicana y Copa Room (hotel Riviera), lo tuvieron en sus espectáculos; y destacados investigadores como Fernando Ortiz, Argeliers León y Odilio Urfé ilustraron conferencias, gracias a su inestimable presencia.

Adriano dejó su huella en el séptimo arte al intervenir en Yambaó, una coproducción cubano-mexicana en la que también figura Ninón Sevilla. Lo vimos igualmente en la cinta norteamericana Árbol de fiebre, y en los filmes nacionales Cuba canta y Las doce sillas —en este último tuvo un papel breve.

Una extensa lista de lauros recibió en toda su carrera. Sobresalen la Distinción por la Cultura Cubana, las medallas Alejo Carpentier, entregada por el Consejo de Estado, y la Raúl Gómez García.

Nonagenario y lleno de un profundo amor por la música, Ángel Adriano Rodríguez Bolaños dijo un adiós físico esta semana, pero su voz se escuchará por siempre.

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