En el umbral del conocimiento

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

Lauren ya está lista. Se lo ha dicho a todos como si fuera la única noticia en el mundo. A un lado de su cama exhibe el uniforme recién acomodado a su cuerpecito de cuatro años y las medias blancas dentro de los zapatos. Allí aún se respira el olor a estreno. Este 1ro. de septiembre recorrerá varias calles espirituanas para llegar, por vez primera, a un aula de la enseñanza preescolar.

Desde hace varios días, Lauren Companioni Mosquera cuenta el tiempo que le resta para regresar a su círculo infantil Gilberto Zequeira de la ciudad del Yayabo. Pero ahora será diferente, bien lo sabe. Formará parte, como tantas veces me ha dicho, «de los más grandes», «los que tienen uniforme», «los que no juegan tanto en el patio», «los que aprenden a escribir».

Ni las jornadas veraniegas bajo el intenso sol en la playa o la piscina inflable en el patio de la casa, ni el intercambio con sus amiguitas del barrio, la han hecho olvidar que pronto empezará el curso escolar. Se lo ha imaginado más de mil veces. Lo ha vivido en sus juegos, en sus cantos y algarabías.

No importa cuánto sabe del verdadero significado del vocablo escuela. Para Lauren solo es lo que ha visto cuando  junto a su mamá recoge a su hermanito, Alex Daniel, mayor que ella. «Los niños siempre están sentados, escribiendo y hacen muchas tareas. Saben leer libros que no tienen dibujos y cuentan hasta mil», me responde a su manera, con una mano en la cintura y los ojos que se le quieren salir de sus órbitas.

Sin imaginárselo, mucho deberá aprender a partir de septiembre. Primero, moldeará las habilidades manuales del rasgado, recorte y dibujo; luego aprenderá a identificar los sonidos y a mantener el control muscular, gracias a los rasgos que la llevarán a escribir su nombre y los del resto de la familia.

Lauren ampliará, sin proponérselo, su vocabulario, ese que no le permite estar callada un instante y expresar frases que te dejan en el asombro. Significados de palabras tan poco comunes para su edad como reciclar o poeta, poco a poco dejarán de resultarle llamativos. Y así, por medio del estudio, descubrirá la riqueza de nuestra lengua e iniciará una etapa colmada de descubrimientos: cómo comportarse y crecer en una sociedad única en el mundo.

En un lugar especial se convertirá su aula de preescolar, a la que siempre recordará, porque será el inicio de un espacio que se convertirá en refugio seguro para aprender a discernir entre lo correcto o no y para ganar valores que serán imprescindibles con vistas a sortear los contratiempos lógicos de la vida.

Sus primeros amigos —esos que trascenderán en el tiempo a pesar de las distancias y las formas de asumir la vida—, el debut en el mundo artístico, los resultados en los diferentes certámenes, las tristezas o las alegrías ante las calificaciones, las discusiones en los juegos, de todo un poco será testigo la arrancada de una etapa que ya comienza.

A esta hora, Lauren desconoce que ustedes leen sobre ella y el resto de los niños y niñas cubanos que formarán parte de la matrícula superior a 1 700 000 estudiantes que tendrá el Ministerio de Educación en sus escuelas por todo el país.

Como ella, miles de «locos bajitos» pasarán el umbral de algo más que un centro docente. Se adentrarán en un mundo que nos regala progreso, conocimiento, sabiduría, comprensión, entendimiento...

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