Administrar es más que cuadrar la caja

Autor:

Nelson García Santos

Las reiteradas y numerosas infracciones en los disímiles servicios a la población, detectadas por los cuerpos de inspectores en Villa Clara, revelan que muchos administradores de establecimientos perdieron, al parecer (¿gracias a un soplo dorado?), el don de ver y la compasión por el prójimo.

Los controladores, sin utilizar ningún detector especial, a golpe de vista, descubren lo que a ellos se les hace esquivo o dejan pasar sin inmutarse.

La multa, pesos más o pesos menos, casi nunca corrige el mal de raíz. La vida demuestra la persistencia de las infracciones, incluso, en los mismos centros. ¿Qué falla entonces? La administración.

Parece que se les ha olvidado a muchos que administrar no solo consiste en depositar en el banco el dinero exacto, en correspondencia con el importe de los productos asignados para la venta. Es mucho más que eso.

Por simple lógica, se deduce que el responsable principal, su segundo —casi siempre lo tienen— y los jefes de turno deben controlar también la higiene del establecimiento, la correcta preparación de los alimentos y el buen trato en la atención, para evitar el desbarajuste.

A fin de cuentas, reciben un salario para velar por esas normas en el centro confiado a su responsabilidad, para lo cual, claro, deben emplear mucho más tiempo y dedicación que al momento de cuadrar la caja.

En los centros gastronómicos debe primar la exquisitez en la preparación, elaboración y manipulación de los alimentos, porque en ello está en juego la salud de los consumidores, palabras mayores que se vulneran sin la más mínima compasión.

Las inspecciones pueden contener las violaciones higiénicas sanitarias en cierta medida, pero el camino expedito para convertirlas en excepción más que en regla, pasa por una buena administración dedicada a ejercer su función con responsabilidad.

Les corresponde velar porque se cocine bien la comida, el correcto lavado de platos, vasos y cubiertos; la limpieza de los utensilios para la cocción; mantener tapados los alimentos para evitar el contacto con el polvo, las moscas; exigir que se entregue la cantidad exacta por la que pagan,  y nunca conservar en refrigeración las carnes junto a embutidos y ahumados, lo cual puede provocar la infestación por la salmonella.

Los controles confirman, una y otra vez, esos desatinos sin que las administraciones, paradójicamente, les pongan fin, a pesar de estar frente a sus narices, como consecuencia de un proceder incompatible con sus funciones y, peor todavía, de una manifiesta falta de sensibilidad.

Se llega al extremo de que un gran porcentaje de las sanciones aplicadas a los infractores son leves, hay reincidentes en violaciones graves que se han mantenido en sus puestos, incluidos administradores, según consta en los archivos de la Dirección Integral de Supervisión de Villa Clara.

Con esos truenos, para meter en cintura a los irresponsables, hace falta un proceder más efectivo sobre la base de la permanencia o no de los infractores en sus puestos de trabajo, pues han de venir otros por ellos si no son eficientes.

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