La apuesta rusa por el Lejano Oriente

Autor:

Javier Alberto Piloto Rodríguez

Mientras Estados Unidos y la Unión Europea insisten en mantener las sanciones económicas contra Rusia, esta sorprende al mundo nuevamente con un foro económico internacional de ganancias billonarias.

Del 3 al 5 de septiembre se celebró en la ciudad rusa de Vladivostok, en el extremo más oriental de la nación euroasiática, el Primer Foro Económico Oriental, el cual costó a Moscú unos 400 millones de rublos y trajo como resultado la firma de acuerdos por una suma de 1,3 billones de rublos.

Luego del Foro Comercial de San Petersburgo, este será, en lo adelante, el segundo espacio que de forma anual acogerá a empresarios de todo el mundo, pero en especial de aquellos que comparten la apartada geografía, en función de estimular el desarrollo y explotar las amplias oportunidades con que cuenta la región del llamado Lejano Oriente.

Claro, para Rusia no se trata solamente de enfrentarse a los retos que suponen las sanciones de Occidente, sino de cumplir y hacer avanzar el viejo sueño ruso de desarrollar el extremo oriente de la nación y llevarlo a la altura de sus regiones industriales en territorio europeo. Para ello se atraerán inversores a través de zonas económicas especiales,programas de inversión y otros proyectos del Fondo para el Desarrollo del Lejano Oriente, creado por el Kremlin para tales fines.

Esta iniciativa de Vladímir Putin no solo contó con el apoyo de tradicionales vecinos y aliados como China, sino que fue lo suficientemente atractivo como para que países como Japón y Corea del Sur, más cercanos a Washington, también asistieran con una amplia representación de sus mayores empresas.

En el caso de Seúl se trata del deseo expreso de enfrentar la crisis económica por la que atraviesa, aunque para ello tenga que dejar a un lado la política y los intentos occidentales de renovar la guerra fría. De este modo llegó a Vladivostok con su Ministro de Industria, Comercio y Energía apostando por extender la cooperación económica en pos del desarrollo de las dos naciones. Por otra parte, no perdió la oportunidad de criticarle a Moscú las trabas que hoy existen para obtener permisos de inversión.

A su vez, Japón llegó muy interesado en la expansión del turismo, en tanto ya el espacio que dedica a esto en su territorio está saturado, mientras las regiones de Vladivostok y Primorie cuentan con un clima similar y bien pueden ser atractivas para el público japonés. Por ello Tokyo acoge de buena gana el plan de Rusia por otorgar a la ciudad de Vladivostok el estatus de puerto franco y la posibilidad de viajes sin visa.

Es importante destacar que entre ambos países el sector que tradicionalmente los ha unido es el energético, el cual también planean seguir desarrollando.

Tal vez medidas como estas nos puedan resultar naturales, e incluso atrasadas, si se toma en cuenta que hablamos de una potencia económica que no necesita de muchos esfuerzos como para eliminar restricciones y abrir oportunidades de inversión a sus vecinos más inmediatos, como esta que demandaría la llegada de empresarios y empleados extranjeros a esta despoblada zona de Rusia; pero es justamente esto último donde radica el problema.

Pese a que la Federación de Rusia es el país más grande del mundo y que su densidad poblacional es muy baja, siempre ha sido receloso de los deseos de sus superpoblados vecinos como China y Japón de abrir sus puertas a la emigración y los negocios de inversión directa. Ello podría desencadenar un problema a largo plazo, en tanto la emigración asiática podría desplazar demográficamente a los nativos.

Para un país multiétnico como Rusia y con una fuerte herencia de conflictos regionales que reivindican todo tipo de autonomías, lo más saludable es pensar a muy largo plazo en las consecuencias que puede traer el fomento de la inversión y la emigración a gran escala en sus zonas más deshabitadas y alejadas del centro, como lo es el Lejano Oriente ruso.

Naturalmente, la coyuntura en que se encuentra hoy el gigante euroasiático lo empuja a la apertura y la ejecución de nuevas iniciativas que saquen adelante a su economía. Y quién sabe, tal vez se cumplan las previsiones de varios especialistas, quienes avizoran que el futuro de la economía mundial se encuentra en esa geografía del océano Pacífico y no en el Atlántico. De esta manera Vladivostok se podría convertir en una metrópolis financiera e industrial que esté verdaderamente a la altura de San Petersburgo, Moscú o el mismísimo Nueva York.

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