Padrino de bodas

Autor:

Luis Hernández Serrano

Una prolongada y grave enfermedad provocó la muerte de Jorge Risquet Valdés, pero siempre quedará entre los cubanos el recuerdo del revolucionario que, tras iniciarse en la lucha a los 13 años, entregó lo más limpio de sus ternuras a apoyar la lucha de Cuba y las causas justas de Nuestra América, así como de los pueblos africanos por liberarse de todos los colonialismos.

Eso solo —independientemente de su gruesa hoja de servicios a la lucha revolucionaria cubana desde su adolescencia, en la Juventud Socialista, primero, y después en el Partido Socialista Popular y, luego del triunfo revolucionario, en la construcción del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba en Oriente— bastaría para inscribirlo en las páginas de lo más puro de nuestra historia.

Muchos son los revolucionarios cubanos, latinoamericanos y africanos que le profesaron amistad y con quienes participó en numerosas actividades clandestinas y públicas.

De igual manera brindó y recibió la amistad de personas sencillas. Ahora recordamos que cuando él tenía 39 años y este redactor 24, fue nuestro padrino de bodas en la Columna Juvenil del Centenario, en Camagüey, el 14 de febrero de 1969, fecha en que lo conocimos personalmente, y que marcó el inicio de nuestra amistad. A partir de ese momento él nos diría «ahijado» y nosotros «padrino». En ese entonces estaba al frente de la Comisión Nacional de la mencionada Columna.

El también destacado revolucionario Jaime Crombet, ya fallecido, en ese entonces primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas en el país, invitaría a Risquet al casamiento de cinco parejas en el Estado Mayor de la Columna Juvenil.

Prueba también de su humildad es que no obstante a no estar entre sus compañeros de clandestinaje, de la Juventud Socialista, de la lucha armada en las montañas y de internacionalismo en África, éramos «colegas», porque estudió y se graduó de periodista y ambos intercambiamos criterios periodísticos en diferentes ocasiones, sobre trabajos históricos.

Risquet fue apresado, encarcelado y torturado por la tiranía batistiana. Se sumó al Ejército Rebelde en 1958 a las órdenes del Comandante Raúl Castro. Ocupó numerosas responsabilidades en nuestro país y presidió la delegación cubana en las negociaciones cuatripartitas Cuba-Angola-Estados Unidos-Sudáfrica en 1988. Fue fundador del Partido, miembro de su Comité Central y de su Buró Político y diputado a nuestro Parlamento. Cumplió tareas en las FAR y en el Partido en Oriente y fue Ministro del Trabajo.

Si él brindó sus desvelos a favor de los africanos, eso es suficiente en el corazón del pueblo para evocarlo. Significa que comprendió bien la inmolación de los esclavos que murieron en Cuba y lo que Fidel ha sentido siempre por esa desgracia colectiva de la esclavitud que Martí llamó «la gran pena del mundo».

Justamente Risquet exaltaba lo que el líder de nuestra Revolución dijo en el Parlamento sudafricano, en Ciudad del Cabo, el 4 de septiembre de 1998: «Doce millones de africanos fueron arrancados de sus aldeas, de sus hogares y trasladados al nuevo continente repletos de cadenas para trabajar como esclavos en las plantaciones, sin contar con los millones que se ahogaron o murieron en las travesías. El apartheid en realidad fue universal y duró siglos. En nuestro hemisferio los esclavos fueron los primeros en sublevarse de una forma o de otra contra la dominación colonial desde épocas tan tempranas como el propio siglo XVI. Grandes sublevaciones en Jamaica, Barbados y otros países tuvieron lugar en las primeras décadas del siglo XVIII, mucho antes de la sublevación de los colonos norteamericanos a fines de ese propio siglo. La primera república en América Latina fue creada por los esclavos de Haití. En Cuba, años después, heroicas y masivas sublevaciones de esclavos tuvieron lugar. Los esclavos africanos señalaron el camino de libertad en aquel continente».

Una de sus últimas gentilezas con nosotros fue asistir al Museo de la Alfabetización, en 2013, cuando lanzamos allí nuestro libro Palabra de Mujer, publicado por la Editorial de la FMC. Por supuesto, dijo solo dos oraciones elogiosas sobre su «ahijado», el autor, y se extendió en exaltar, conmovido, la cercanía del 200 aniversario del natalicio de Mariana Grajales, una madre fundadora cuya palabra se unió a la historia de sus hijos y nietos, un inolvidable ejemplo de todas las cubanas.

Así Risquet también rendía homenaje a la estirpe africana, como cuando fue el jefe del Batallón Internacionalista Patricio Lumumba, en el Congo Brazaville, ex francés. Ello forma parte de sus méritos, esos por los cuales vivirá siempre en lo mejor del alma de Cuba y de África.

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