Luz para la wifi

Autor:

Yuniel Labacena Romero

¡Al fin la luz!, dijeron muchos de los asiduos visitantes al parque ubicado en la avenida 51, en el municipio capitalino de La Lisa. Y no es que esa zona —más populosa desde el 1ro. de julio pasado, por la apertura allí de una de las 35 áreas de navegación en Internet con tecnología wifi en el país— no tuviera fluido eléctrico, sino que ese sitio parecía una boca de lobo, como decimos en buen cubano, por la falta de iluminación.

Para suerte de los cibernautas y de aquellos que deciden pasar un rato agradable en ese lugar, la colocación de luces para mejorar el entorno se hizo realidad. Llamaba la atención antes, cómo numerosos usuarios llevaban hasta allí lámparas recargables o hacían sus «inventos» para disfrutar con buena iluminación del nuevo servicio de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa), que tanto hemos deseado.

Un problema menos, pues quedan otros. Basta con pasar por allí, sobre todo en las noches, para descubrir a algunos cibernautas aglomerados en los bancos ante el gran número de personas, mientras no pocos permanecen de pie hasta que sus fuerzas lo permitan. Hay quienes optan por acomodarse en portales cercanos o, incluso, en el borde de las aceras, para conseguir sus propósitos pese al peligro que ello entraña en esa frecuentada avenida; un panorama que, de hecho, da una imagen poco agradable.

Recuerdo a aquel estudiante de Ingeniería Industrial que optó por apoyar su laptop en un cesto de basura aledaño a la zona wifi, pues todos los bancos estaban llenos, y la señora que cruzó a uno de los portales vecinos para sentirse más cómoda, a sabiendas que desde ese sitio «la conexión se vuelve un poco más lenta», como dijo a este reportero.

No hay dudas de que Cuba trabaja para lograr con la mayor rapidez posible el proceso de informatización de nuestra sociedad, pero debiéramos proponernos que lugares como las zonas wifi, tengan las condiciones necesarias para una estancia más cómoda y segura para los usuarios. Nada de ello resulta fácil ni barato, pero si hemos dado los primeros pasos, pensemos, en lo sucesivo, en acondicionar estos lugares.

Colegas y hasta amigos de otras provincias señalan que en sus territorios también se respira cierto aire de insatisfacción por motivos similares. No menos fatal es la situación con el acceso a las tarjetas Nauta, las largas colas para adquirirlas o su ausencia en los puntos de venta de Etecsa por el acaparamiento de algunos. Sería necesario también un personal que brinde asistencia técnica ante cualquier duda, sobre todo en las noches, y que los puntos extiendan sus servicios más allá de la media tarde.

Cuando no somos capaces de poner las cosas en el justo medio, dejamos en manos de otros temas como la venta ilegal de tarjetas Nauta, conectarse a menos precio y hasta cómo lograr un buen servicio, situaciones todas que han sucedido. Sería oportuno —cuando solo la puesta en marcha de este servicio lleva más de dos meses y se espera antes de fin de año la creación de nuevos puntos, según se divulgó recientemente en la Mesa Redonda— que Etecsa valorara estas cuestiones, pues a fin de cuentas se trata de ofrecer un buen servicio y de ganar todos.

Esto es más importante cuando sus especialistas han declarado que la wifi se encuentra en fase de prueba y que se realizan mejoras, como las rebajas de tarifas para  Internet —las cuales aún son discretas para el bolsillo de los cubanos— y a pesar del mantenimiento que se le dio a esas zonas en el mes de agosto, pues el proyecto que se extenderá a otras sitios, es por el momento una medida temporal, pero muy necesaria.

Las situaciones descritas llevan a pensar en la necesidad de implementar otros mecanismos. Para la venta de tarjetas pudieran utilizarse, como se ha dicho, los agentes de telecomunicaciones surgidos como modalidad del trabajo por cuenta propia, extender el horario de los puntos de Etecsa con diferentes turnos de trabajo y hasta valorarse la posibilidad de crear estos sitios en bibliotecas, cafeterías y otros donde se disponga de mesas y asientos.

Igualmente sería oportuno que en aquellas áreas aledañas a la conexión inalámbrica se creen condiciones elementales para tomar agua, café o refrescos… al mismo tiempo que los cibernautas intercambian mensajes de voz, de texto y hasta videollamadas con los más disímiles lugares del planeta, o simplemente se dediquen a estudiar o conocer un poco de cómo va el mundo más allá de nuestras fronteras.

Así no solo ganamos con el acceso a la wifi, sino también con otros servicios y se les da vida a muchos sitios de nuestra geografía ahora muy frecuentados, fundamentalmente por los jóvenes, esos nativos digitales a quienes también se suman muchos adultos, aun cuando no dominen del todo la tecnología. La conexión inalámbrica ha obrado nuevos milagros y es un hecho que llegó para quedarse y para cambiar la fisonomía de nuestras ciudades. Abrámosle paso a la luz.

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