Tropiezos de mala calidad

Autor:

Nelson García Santos

Una y otra vez aparece descrito en informes y en el verbo de los participantes en reuniones sin que hasta ahora se haya resuelto definitivamente. Eso sí, cada vez que reiteran el fenómeno sale a relucir el «vamos a analizar el problema».

¿De qué escribimos? De la mala calidad de los insumos que venden la empresa de Logística Azumat y el Ministerio de Comercio Interior a los trabajadores del sector agropecuario, como acaban de insistir, en Villa Clara, en los activos de las unidades básicas de producción agropecuaria y del Grupo Azcuba.

Según los criterios, que nadie impugna, señal indiscutible de la verdad verdadera, la inadecuada calidad afecta a la ropa, zapatos, botas de goma, limas, guantes y cámaras de tractor, más la queja ahora también de que están haciendo demasiado cortos los machetes. ¿Será una innovación?

La necesidad de esos medios resulta para los trabajadores del campo tan apremiante que, a veces, tampoco tienen otra alternativa. Están obligados a aceptarlos aun a sabiendas de que pueden tener una duración efímera.

Por cierto, con los destinados al sector de la industria parece que pasa algo parecido. En la fábrica de Calderas Jesús Menéndez, de Sagua la Grande, también afloraron las quejas sobre la ropa que les venden. Allí afirman que el tejido usado para su confección es inadecuado. Se daña fácilmente.

Esta situación, de carácter nacional, perjudica considerablemente a la economía, independientemente de que las entidades puedan reclamar a los suministradores por el incumplimiento de lo convenido, y ser resarcidas si fijaron en el contrato los parámetros de calidad que debe poseer lo vendido.

Porque la mala condición de limas que se gastan fácilmente o no dan el filo apropiado, de la ropa deteriorada en un abrir y cerrar de ojos, al igual que zapatos, botas de goma y guantes, determinan una inversión financiera más frecuente o, sencillamente, un abastecimiento inestable con el consiguiente perjuicio a los trabajadores.

¿Cuál puede ser la causa de esta situación? ¿Acaso radicará en que, en realidad, son productos de baja calidad debido al empleo de una inadecuada materia prima para sus confecciones o, incluso, que importan las más baratas en vez de otras de mayor precio, pero de mejor talante?

Si en realidad fuera así, estamos ahorrando quilos y botando pesos. La durabilidad equivale a tener que invertir de manera menos seguida en la adquisición de los insumos indispensables en la labor agrícola e industrial.

No quiero ni imaginar que la génesis del problema radique en fallas en el proceso de fabricación que determinan su idoneidad o no, para los usos a los que están destinados. Esto sería, pienso, el colmo de los colmos de la chapucería.

Como si fuera poco existen, además, reparos sobre los zapatos y ropa (suelas que se parten a los pocos días de uso, camisas que se deshilan en la primera lavada...) vendidas en CUC a trabajadores de diferentes organismos. Y, sin más opciones, aquello de «lo tomas o lo dejas», parece sustentar el añejo problema que reclama una solución definitiva. O, al menos, una explicación que desnude el porqué de los porqués de esta manera de limar el bolsillo.

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