La alarma que no se escucha

Autor:

Nelson García Santos

Bien le encaja el apelativo de camino endemoniado a este tramo de menos de un kilómetro de carretera que va desde la vía a Cienfuegos hasta el central Efraín Alfonso. Es el clásico ejemplo de no atajar el mal a tiempo y, peor todavía, dejarlo extender sin compasión.

En realidad, da grima apreciar el estado de ese trayecto lleno de baches y furnias que obligan a los vehículos a ir a paso de jicotea, pero ni aun así se salvan los automotores de sufrir funestas consecuencias.

Obvio que no estoy descubriendo el agua tibia. El estado reprobable de muchas vías públicas está en infinidad de lugares a la vista pública, porque sobrevino el deterioro por la falta de recursos, y vale citarlo sin ánimo de justificar. Pura verdad. Pero aun admitiendo esa circunstancia, lo del tramo de carretera del Efraín Alfonso resulta, prácticamente, injustificable. ¿Cómo es posible que un lugar por donde circulan transportes cargados de caña y de azúcar, de gran tonelaje, esté en tales condiciones?

Se dejó estropear, inexorablemente, de un año para otro sin, al aparecer, aplicar la alarma. ¿Acaso no se ha podido planificar su arreglo? ¿Por qué no lo han incluido en el presupuesto destinado a la reparación de obras?

Aceptemos la increíble circunstancia de que, hasta los días de hoy, nunca se haya priorizado su arreglo capital por falta de recursos. Ahora bien, ¿qué ha impedido aplicar otra alternativa para paliar la situación?

Consultada al respecto, Mariela Sánchez Vera, presidenta del consejo popular Efraín Alfonso-Carlos Caraballo, afirmó que ha sido un planteamiento recurrente en las asambleas de rendición de cuenta, sin que hasta ahora se le haya dado solución.

Ese camino desbaratado, aparte del cuidado que puedan tener los conductores, ocasiona roturas a los transportes pesados y ligeros, y deviene salidero de dinero en el arreglo de aquellos. Incomoda a los lugareños y visitantes, y de su imagen se desprende la estampa del abandono.

En una ocasión, representantes de una comunidad de la localidad villaclareña de Vueltas, le plantearon a Esteban Lazo Hernández, presidente del Parlamento cubano, el pésimo estado en que estaba el camino de acceso a su comunidad. Le contaron sobre las mil y una gestiones hechas sin lograr la anhelada reparación.

Sabemos que nadie tiene en la mano una varita mágica para solucionar cada adversidad que surge en el camino, pero Lazo, luego de escuchar los argumentos, explicó que las obras tenían que estar respaldadas en los planes anuales de la economía, planificadas a partir de propuestas en los municipios y la provincia. Y, enfáticamente, recordó a las autoridades locales la necesidad de aplicar una alternativa para mejorar ese camino hasta tanto se pudiera hacer una inversión capital.

Hoy la solución de más del 90 por ciento de los planteamientos que genera el proceso de rendición de cuenta del delegado a sus electores en el país, es posible gracias a que están previstos en el plan de la economía.

Entonces, ¿por qué a veces no se aprovecha esta opción, o se busca otra  alternativa, a fin de aplicar una variante intermedia para remediar la adversidad? ¿O es que en esos lugares, como ocurre en el caso descrito, la previsión se fue de vacaciones?

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