Palmaditas para mi parque

Autor:

Susana Gómes Bugallo

Mi parque de Güira de Melena no va a morir. Lo sé porque cada vez alimento más las estadísticas de madrugadas compartidas entre historias y buena música. Lo sé porque sigue siendo el sitio preferido de amistades de aquí y de allá, el lugar que cobija las mejores travesuras infantiles, el punto de encuentro en que confluyen todos los desvelos, en que se unen tradición y modernidad, en que besamos el amanecer siguiente de fin de semana y despedimos esos días de trabajo agotador. Así no hay nada que muera; tengo la certeza de su vida eterna.

Tal vez pueda existir otra vegetación más encantadora y hasta puede que haya bancos mejor resguardados, pero no hay glorieta tan perfecta como esa, ni hay iglesia tan seductora como la güireña. No obstante, se extrañan las luces encargadas de iluminar tanto sentimiento.

Porque el parque se apaga. Y sé que no muere, porque lo oigo respirar. Pero hay quien anda desvelándose ante la ausencia de luminarias que le afecta. Y en Güira se sigue soñando con la wifi en el espacio más popular del municipio. Sin embargo, aún no se puede disfrutar. Dicen los que más escuchan que es por la falta de bombillos en las farolas. Dicen los que están al tanto que sin seguridad no puede instalarse ese servicio. Entonces se preguntan cuándo llegarán los focos al sitio donde nunca debieron haber faltado.

Existe hasta quien cuenta que son las parejas felices las responsables de tanta oscuridad. Que se deshacen de la luz artificial para disfrutar los encantos de la noche. Y que así no hay quien pueda mantener sano tanto parque desprotegido. Pero vuelven las dudas. ¿Por qué no velar más por su resplandor perfecto? ¿Por qué negar al pueblo la oportunidad de hallarse en ese espacio con todas las condiciones requeridas? ¿Por qué no intentar una y otra vez que la esencia de un sitio siga prevaleciendo, pese a cualquier conducta de abandono? Si una lámpara desaparece, debe ser reemplazada. Y eso sin que medie mucho tiempo de penumbras.

Si no fuera por los vendedores que viajan acompañados de sus bombillas, si la iglesia no alumbrara un poco gracias a las sagradas imágenes de sus exteriores, si los comercios que le rodean no irradiaran algo de su claridad, si no quedara algún que otro candil sobreviviente al tiempo…, el parque de Güira estaría completamente oscuro.

Ese altar del encanto bohemio no es de nadie y es de todos. No es imprescindible, pero es vital. No está extinguiéndose, pero respira con dificultad. ¿De quién es la responsabilidad?, indagan. Los cuestionamientos siguen sin aliviarse. El parque de Güira de Melena sigue sin luces.

Condiciones tecnológicas y disposición de conectividad aparte, cuando todos los recursos existan (si no es que ya están a la mano) será preciso contar con un lugar capaz de ofrecer todas las garantías posibles. Y no parece tan difícil colocar unas cuantas luminarias y velar porque se mantengan. Porque mi parque no va a morir. Pero necesita una palmadita en la espalda que le ayude a seguir palpitando y a ponerse a tono con los tiempos modernos.

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