Jóvenes por la unidad revolucionaria

Autor:

Danay Armand Solano

Vivimos una Revolución, la más humanista de todas, la que triunfó el 1ro de enero de 1959, fruto de una tradición de lucha por la libertad de la Patria que tuvo su génesis en el Grito de Independencia del 10 de octubre de 1868. La Revolución Cubana, que hoy mantiene incólumes sus principios, se sostiene por su historia, sus valores, la heroicidad de nuestro pueblo, el ejemplo de nuestros líderes históricos, pero, sobre todo, ha de sostenerse, y he ahí un concepto medular para la continuidad de la misma, por la salvaguarda de la unidad revolucionaria.

Y es que la unidad de todos los cubanos en la construcción del Socialismo, en la defensa de los valores de la nación, de la cultura cubana, de los hilos invisibles y continuos de los que hablaba Martí, no ha de ser un discurso vacío, provisto de huecas palabras, sino un ejercicio constante de concreción práctica en una sociedad cada vez más compleja por la heterogeneidad de su composición, sobre todo desde lo cultural e ideológico, donde las tecnologías de la informática y las comunicaciones ocupan un importante lugar. Porque el momento así lo es, porque la batalla que libramos demanda del pueblo cubano, especialmente de los jóvenes, una conciencia crítica capaz de mantener vivo el ideal socialista que defendemos, pese a la necesaria adecuación que como revolucionarios debemos hacer siempre en consecuencia con el momento histórico que vivimos.

Cuando nos ha faltado la unidad hemos tenido reveses, valdría la pena recordar ejemplos de nuestra historia: el fracaso de la Guerra de los Diez Años, de la Revolución del 30. Es muy elocuente la historia de Cuba como para olvidarla y repetir los errores cometidos. Pero cuando hablamos de unidad revolucionaria, no podemos obviar que haberla tenido nos ha dado importantes victorias y el proceso revolucionario cubano se ha hecho más fuerte.

Así fue en la Asamblea de Guáimaro, a 147 años de su realización; así fue con la creación del Partido Revolucionario Cubano el 10 de abril de 1892 por José Martí, raíz del Partido único de la nación cubana, de la fuerza política dirigente y guía de lo que somos y seremos: militantes por la justicia social, el humanismo, la solidaridad, el patriotismo y el antimperialismo.

Es la misma unidad de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), de las fuerzas que hicieron posible el triunfo revolucionario, de la guía de Fidel. Es la unidad que en un proceso de concertación nacional como el que constantemente debemos hacer en la sociedad cubana, de criterios diferentes, miradas distintas, coloque en la frente de cada cubano digno el principio «unir para vencer» y no aquel que pretende legitimar el «divide y vencerás». Para eso la concertación ha de darse desde esa esencia martiana de la república Con todos y para el bien de todos; con todos los que hacen bien a la Patria.

Como recientemente ha escrito nuestro profesor Luis Toledo Sande: «Martí fundó un partido para un proyecto de liberación nacional que tuvo en los humildes su mayor sostén —no por casualidad quiso el líder que su gestación se decidiera en comunidades básicamente obreras— y sus más enconados adversarios entre los más opulentos. Pero fue un frente de unidad nacional, pluriclasista. Su fuerza radicó, mientras vivió Martí, en merecer los términos con que él lo definió en vísperas de su proclamación: "El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano". Hoy esa aspiración sigue convocando también al que en 1965 se constituyó como Partido Comunista, nombre que a su propia dignidad une el valor de la permanencia (…) El partido que dirige la Revolución tiene también una responsabilidad que tuvo el creado por Martí, quien fue consciente de un hecho: la aspiración de crear una república con todos y para el bien de todos no autorizaba a desconocer la existencia de fuerzas, sectores sociales e individuos que se autoexcluían de la totalidad representada en el programa revolucionario». Esos son los que no son capaces de hacer y trabajar por el bien de los demás, de todos, de la Patria.

La Patria hoy llama a los jóvenes a ocuparnos de las cosas inmediatas para poder solucionar las mediatas y para ello debemos recurrir al estudio de nuestra historia, de esos pequeños detalles que han contribuido a lograr y a mantener esta gran Revolución. La tarea primordial que tenemos las generaciones de estos tiempos es, como dijera Martí, ponernos la camisa al codo, hundir las manos en la masa y levantar con la levadura de nuestro sudor la economía del país, porque ese es nuestro futuro y el de las generaciones venideras que seguirán teniendo como única vía posible, al socialismo. He ahí un punto cardinal del debate que seguramente tendremos en el venidero Congreso del Partido Comunista de Cuba. Sin una visión clara del papel de los jóvenes en la continuidad del proceso revolucionario, es casi imposible llevar adelante esta hermosa obra de amor con que hoy contamos.

Debemos continuar profundizando en un pensamiento verdaderamente patriótico desde las edades más tempranas pues hoy la guerra que nuestros enemigos desarrollan contra el país es más sutil y está dirigida fundamentalmente hacia los jóvenes. Martí nos diría, como nos dijo Fidel aquel 4 de abril de 1962, que seamos entusiastas pero capaces, que tengamos energía y responsabilidad, pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a la patria, fe en la patria, amor a la Revolución, fe en la Revolución, confianza en nosotros mismos, convicción profunda de que podemos, de que somos capaces y que sobre nuestros hombros se pueden depositar grandes tareas.

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