El otro impacto para la economía doméstica - Opinión

El otro impacto para la economía doméstica

Autor:

Nelson García Santos

La reducción de precios de un grupo de productos alimenticios desencadenó un burujón diverso de criterios, pero la mayoría admitió que era un paso imprescindible hacia el empeño de revalorizar el peso cubano.

Lo que ha pasado inadvertido resulta el otro efecto positivo de esa medida, que coadyuvará también a halar hacia abajo el costo de las mercancías en todos los mercados.

Los ejemplos más palpables están en las modificaciones en el arroz, el aceite, las viandas, las hortalizas y los granos, esenciales en nuestra dieta. El hecho de que ahora el cereal más barato cueste tres pesos y cuatro el más caro, repercutirá en los precios de los revendedores y hasta en el mercado de oferta y demanda.

Allí están ofertando el arroz a cinco pesos. No les quedó más remedio que equipararlo al anterior valor del estatal. Y, tendrán que venderlo, al final, por debajo de ese precio.

Siempre habrá quien prefiera comprarlo a los particulares, pero aun así el producto registrará una menor venta. En otras palabras, se les estancará muchísimo más en los mostradores, lo cual, más que ganancias, les puede ocasionar pérdidas.

Algo parecido ocurre con el aceite. Quienes lo venden «por la izquierda», tendrán que reajustar su negocio. La bolsita plástica, de una libra, de mayor calidad, sin riesgo de adulteración, vale 23,75 pesos. En el mercado negro igual cantidad la vendían a 25.

La reducción del costo en beneficio del consumidor, para aumentar el poder adquisitivo del peso cubano, se extendió ahora a los productos agrícolas comercializados en todo tipo de mercados agropecuarios. Esa medida, lógicamente, también tendrá su impacto positivo sobre la comercialización bajo las reglas de la oferta y la demanda. Las excesivas cuantías que aplican a viandas, hortalizas, frutas y frijoles tendrán que reducirlas sobre la base de no tener pérdidas, pero sí disminuir ganancias. Para garantizar los pasos que están dando en materia de reordenamiento de la comercialización, el Estado está invirtiendo cifras millonarias para renovar su infraestructura agrícola, a fin de incentivar la producción, lograr una eficaz organización de la fuerza laboral y salarios más altos vinculados al resultado final.

Por ello, pienso que ahora, como nunca antes, se ve más claro el camino para meter en cintura a los excesivos precios sobre la base de la regulación estatal para sus mercados, porque estos se convierten de referencia para los de oferta y demanda y los revendedores. Tiempo al tiempo.

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