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El Aedes en la mira: asunto de vida o muerte

Autor:

Julio César Hernández Perera

Se puede decir que las noticias afines a los arbovirus están en boga. No cesan las alarmas o los reportes epidemiológicos de diferentes partes del orbe donde se citan males causados por estos patógenos, como el dengue, el chikungunya, la fiebre del zika y la fiebre amarilla.

El término arbovirus puede ser motivo de supuestos: no significa que se trate de microrganismos aislados en árboles, bosques o selvas, como alguien pudiera conjeturar. La curiosa denominación es un acrónimo (palabra formada por las iniciales, y a veces por más letras, de varias palabras) de la expresión inglesa arthropod-borne virus; traducido al español significa «virus transmitido por artrópodos».

Es este distintivo común de los arbovirus —ser transmitidos por insectos— lo que han tenido en cuenta en las estrategias destinadas a evitar la introducción y propagación de las enfermedades antes relacionadas.

Si indagamos en el origen del nombre Aedes, el principal vector de todas las enfermedades ya mencionadas, veremos que es un término descriptivo. Muchos juzgaríamos los mosquitos como molestos, desagradables y odiosos. Precisamente esos calificativos son los que confieren sentido a la palabra griega aedés.

Dentro de esa familia sobresale el conocido Aedes aegypti, que en un artículo publicado el pasado 13 de mayo de 2016 en el Registro epidemiológico semanal (Weekly epidemiological record) de la Organización Mundial de Salud (OMS), es calificado como el «perro de los mosquitos mundiales». Se gana el apelativo tras haberse «domesticado» y haberse alejado de los bosques y selvas de África. En la contemporaneidad prefiere vivir dentro y alrededor de las viviendas, al haberse vuelto dependiente de los seres humanos.

Son amplios los estudios que se desarrollan en el mundo para contener las amenazas generadas por los Aedes. En marzo de 2016 el Grupo de advertencia de control de vectores de la OMS aprobó la ejecución de experimentos pilotos con tecnologías novedosas (y costosas) como la introducción de patógenos en los mosquitos adultos, la manipulación genética de estos vectores y la técnica del insecto estéril.

La primera de estas estrategias consiste en algo así como pagarle con la misma moneda al vector: los mosquitos serían infectados con una bacteria conocida como Wolbachia, capaz de reducir la habilidad de estos insectos de transmitir arbovirus a las personas.

La segunda táctica es el desarrollo de un Aedes aegypti transgénico (modificado genéticamente de manera artificial). La técnica ha sido desarrollada por la compañía biotecnológica británica Oxitec, y el defecto genético introducido es transmitido a los descendientes, el cual provoca la mortalidad y la consiguiente disminución de las poblaciones del insecto antes de que lleguen a la adultez. Pero todo ello conlleva el mantenimiento continuo del transgénico en el medio ambiente, premisa que parece ser un «jugoso negocio» divisado por Oxitec.

El tercer método consiste en causar esterilización de los mosquitos machos al aplicarle una pequeña cantidad de radiación.

A pesar de tales progresos, la higienización y la práctica del autofocal seguirán siendo, por el momento, las más importantes y efectivas maneras de mantener a raya los niveles de infestación del Aedes y la consiguiente transmisión de los arbovirus.

Habría que lamentar, después de haber batallado tanto, el retoño de la mala calidad técnica del trabajo antivectorial o una escasa participación popular, porque aunque algunos por momento lo olviden, cuando se plantea tener en la mira al Aedes, lo que se está planteando es la defensa de la vida de cada uno de nosotros.

*Doctor en Ciencias Médicas y especialista de Segundo Grado en Medicina Interna.

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