Un millonario que lo dio todo por Cuba

Autor:

Osviel Castro Medel

A algunos podrá parecerle «teque», pero no me canso de repetir que quienes vivimos este tiempo necesitamos mirar mucho más el espejo de aquella generación que, privándose de caudales inimaginables, se marchó a los zarzales y a los campos para tratar de fundar una nación auténtica.

Ahora mismo estoy pensando, por ejemplo, en el hombre que José Martí llamó «el millonario heroico, el caballero intachable, el padre de la república».

Me refiero a Francisco Antonio Vicente Aguilera, el bayamés nacido el 23 de junio de 1821, quien llegó a poseer casi tres millones de pesos y más de 4 100 caballerías de tierra y que murió sin haber cumplido los 56 años, congelado por el frío de Nueva York, con los zapatos agujereados y el alma tristísima por no ver la patria levantada.

Podía haberse pasado el tiempo, como otros, recostado en la almohada cómoda o pavoneándose por sus fincas; pero una frase suya, pronunciada cuando le consultaron sobre la decisión de quemar la ciudad de Bayamo, donde estaban algunas de sus propiedades, resume su filosofía: «Nada tengo mientras no tenga patria».

Y pudo, incluso, haberse alimentado de intrigas cuando le deslizaron la posibilidad de asumir la jefatura independentista por encima de Céspedes, quien adelantó el levantamiento; porque Aguilera era el líder de la Junta Revolucionaria de Oriente, creada 14 meses antes de la insurrección. Sin embargo, él había entendido que lo importante era servir desde cualquier puesto.

¡Qué grandes lecciones para esta era, en la que algunos pasan la existencia ideando cómo escalar a cualquier precio no para servir sino para servirse, y en la que ciertos personajes creen que un baúl de dinero puede comprar cualquier idea o sentimiento!

Con Aguilera nos pasa igual que con otros: lo recordamos en las «fechas cerradas», pero no en el resto de los días. Y, al final, lamentablemente, lo desconocemos.

No basta que en estos días de junio, como hace 14 años, sesione en la Ciudad Monumento un evento teórico sobre su vida, ni que haya un preuniversitario con su nombre, tampoco que una escultura lo recuerde encabezando el bayamés Retablo de los Héroes.

A este hombre que fue bachiller en Leyes y ocupó diversos cargos públicos antes de lanzarse a la manigua, le debemos más homenajes diarios a lo largo de nuestra geografía y no solo en la ciudad donde nació y reposan sus restos. A este cubano que llegó a ser Lugarteniente de Oriente, Secretario de Guerra y Vicepresidente de la República en Armas necesitamos acudir con mayor frecuencia.

Algunos se han preguntado por qué no está representado en nuestros billetes numismáticos, por qué un mayor número de instituciones no llevan su nombre en la nación, por qué no divulgamos más su obra entre los pinos nuevos. Y no les falta la razón.

Con su historia se ratifica que estar fuera de fronteras no significa una afrenta porque Aguilera partió en 1871 y aun desde la lejanía no dejó de latir por la causa de los suyos hasta que murió enfermo de la laringe seis años después.

Con su existencia se ratifica que nuestro pasado está lleno de ejemplos, anécdotas, glorias... mujeres y hombres que no estudiamos cuando en realidad deberían estar en nuestra mismísima cabecera de todos los días.

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.