Los fieles amigos de mi infancia - Opinión

Los fieles amigos de mi infancia

Autor:

Dorelys Canivell Canal

Un buen amigo se asombró cuando le dije que había nacido y aún vivía en un barrio de campo en el que los niños salían a corretear por las noches para cazar cocuyos.

Su sorpresa, aunque iba encaminada a la sensibilidad por el juego infantil en las noches campesinas, hizo que yo, acostumbrada aún al sonido estrepitoso que provoca resonar la palma de la mano en la boca abierta para llamar a estos insectos, pensara que no son tantos los pequeños que desandan caminos en busca de aventuras, y tampoco quienes disponen de un lindo juguete para compartir con los amigos del barrio.

Entonces pensé en el piano, la flauta y la guitarra que compró mamá para que mi primo y yo amenizáramos la casa sin importar el horario del día.

Unos años después, cuando el período especial tocó a la puerta de cada hogar, reaparecieron los carros de latas y las carriolas con cajas de bolas usadas. Lo importante era que los niños de ese entonces tuviéramos con qué jugar.

Una noche de apagón, que recuerdo como hoy, llegaron de un lugar de la geografía pinareña llamado Cuba Nueva, mamá y papá en la karpaty que todavía utiliza mi viejo.

En el bolso traían unos zapatos de suela de goma de neumáticos, que reciclaba artesanalmente un señor. Venían también un cepillo de dientes para niños y un muñeco de trapo, largo y estirado con corbata y chaqueta, con cabello rosado, muy a la moda si fuera de estos tiempos. Mi nuevo juguete no era sofisticado, pero me acompañó como un buen amigo en aquellos difíciles.

Ha pasado mucho tiempo y todavía hoy hablo de mis noches de cocuyos y mis primeros juguetes, comprados con el mayor sacrificio del mundo, como artículos de primera necesidad.

¿Y es que acaso no son eso los juguetes? Artículos de suma trascendencia en el aprendizaje de los más pequeños de casa, porque el desarrollo de la personalidad, la definición de gustos y preferencias, entre otros aspectos, dependen del juego desde las edades tempranas. ¿Cuán importante es entonces un juguete para un niño?

Los precios de los juguetes han ido subiendo ostensiblemente, al punto de que en una tienda recaudadora de divisas, un objeto de este tipo pueda costar hasta 25, 30 o 50 CUC, o lo que es lo mismo, 625, 750 y 1 250 pesos cubanos.

Recientemente presencié en una de estas instalaciones cómo más de una madre se alejó de las muñecas, los trailers y los bolos, tras calcular que en ese artículo se iba más de un plato fuerte, más de un par de zapatos para la escuela, más de una mochila y varias meriendas.

Se iba, en definitiva, el salario mensual de uno de los padres y quizá un poco más. Cálculo sencillo y a la vez difícil de concebir, en una sociedad en la que los niños tienen y tendrán siempre prioridad.

Allí recordé otra vez mi muñeco del período especial, los peluches de antaño que todavía conservo, con las huellas visibles de que alguien los disfrutó al máximo, y las carreras en las noches vueltabajeras.

Ahora no hay muchos cocuyos, tampoco buenos juguetes al alcance de todos. Y es penosa esa realidad. Cada niño debía recordar en su adultez los muñecos de su infancia, ese mundo en el que el juego nos abre los caminos de la imaginación.

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