La fechoría a costa de internet

Autor:

Nelson García Santos

Las quejas de los usuarios propagaron a nivel local y nacional, el último invento de los malhechores, acogidos a la práctica de sustraer efectivo desde cuentas de internet y correos Nauta, a raíz de la expansión del acceso a la wifi.

Es un negocito para ellos evidentemente fácil y lucrativo, realizado cómodamente sin el asomo de una gotica de sudor y, muchísimo menos, sin exponer el pellejo para consumar su fechoría.

Tampoco hay que ser adivino para imaginar los rostros de felicidad cuando lograron concretar el primer robo, ni las posibles palabras de unos a otros, por su chispa y técnica para esquivar los sistemas de seguridad.

Respiraron profundo, de seguro, pensando que habían encontrado la gallina de los huevos de oro, basados en la creencia de que jamás serían descubiertos, pero tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe.

Desde las primeras denuncias, la policía, como le corresponde, inició las investigaciones y empezó a atar cabos aquí y allá hasta descubrir a estos ladrones, a quienes les fueron ocupados los medios técnicos empleados.

Así llegó la noticia esperada, revelada por el Ministerio del Interior de Villa Clara, sobre la desarticulación en el actual año de dos cadenas delictivas integradas por nueve ciudadanos, en su mayoría jóvenes menores de 25 años y sin antecedentes, dedicados a sustraer efectivo desde cuentas de internet y correos Nauta.

Estos transgresores que pretendían vivir a costa de los usuarios de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, y dañar su prestigio, al vulnerar la seguridad del servicio, operaban en los municipios de Remedios y Santa Clara.

Consumada la sustracción de efectivo de las cuentas referidas, los involucrados en el negocio vendían las horas hurtadas a precios inferiores al que son comercializadas las tarjetas Nauta por la entidad estatal.

No les quedaba más remedio que ofertar por debajo del precio oficial para poder convertir, con prontitud, en dinero contante y sonante el tiempo sustraído.

Ese hecho, a todas luces, los obligó a correr un gran riesgo y despertó sospechas hasta de los propios compradores, por aquello de que aquí nadie tira su dinero por la ventana. ¡Reyes magos a estas alturas!

Los malandrines ahora tendrán que responder ante los tribunales. Y vale recordar a los que siguen persistiendo en prácticas ilegales, aquello de cuando veas la barba de tu vecino arder pon la tuya en remojo. Pues te están picando cerca, cerquita.

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