El héroe de los niños

Autor:

Aracelys Bedevia

Mi hijo despertará esta mañana del 26 de noviembre con la noticia de que uno de sus paradigmas ha muerto. O al menos, eso creerá cuando al encender la televisión para ver sus esperados muñequitos escuche que el más grande de todos, el que nos hizo hombres y mujeres dignos, ha muerto. Ayer casualmente me decía: mamá, llévame a conocer a Fidel, quiero darle las gracias por haber salvado al mundo.

Mi hijo tiene seis años y está haciendo un álbum de dibujos para Fidel, un libro como suele decirme, para regalárselo cuando lo vea, porque Fidel es quien lidera su tropa junto a Elpidio Valdés y el hombre araña. Porque luchó «contra los hombres malos para liberar el mundo», porque gracias a él tenemos escuelas y trabajo, como le enseñó hace algunos años su seño Relba en el círculo infantil Elpidio Valdés.

El Fidel que mi hijo conoce es el Fidel que su padre y yo le hemos enseñado a querer. El Fidel que a ratos salía por la televisión y reflexionaba con frecuencia a través del periódico. Casi todo lo que sabe de este gran hombre le ha llegado a través de nosotros y de sus maestros. No conoció al Fidel de la Sierra, al Fidel que estaba en todas partes. No conoció al Fidel de carne y hueso que se nos acercaba en cada cobertura y nos daba un beso, al Fidel que desafiaba ciclones y cualquier adversidad para estar junto al pueblo. Pero lo quiere tanto. Qué decirle hoy a mi hijo si casualmente ayer me pidió que lo llevara a conocer a Fidel, si cuando me preguntó si Fidel moriría algún día como le sucedió a la abuelita Berta, le dije que no.

¿Cómo explicarle a mi hijo que este gigante estará siempre con nosotros, pero de otra manera, porque «la muerte no es verdadera cuando se ha cumplido bien la obra de la vida»? Lo he visto tantas veces hablarles a sus amigos de Fidel, contarles cada historias que ni yo sabía (nacidas de su imaginación infantil), porque el Fidel de mi hijo, y el de muchos de sus contemporáneos no es cualquier Fidel. Para él es el superhombre, el inmortal, y para uno de sus amigos es el abuelito dulce que escribe mucho y está tan viejito...

Mi hijo duerme en estos momentos sin saber nada, pero cuando despierte dentro de unas horas algo se romperá también dentro de él.

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