El Comandante y el universo

Autor:

Juan Miguel Cruz Suárez

En el año 1987 yo era un joven delgado y campesino que había resultado electo como presidente de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media en mi municipio —Báguano—, un enclave azucarero de la provincia de Holguín. Ello significó un vuelco en mi vida y a mediados de ese año resulté electo para asistir al 7mo. Congreso de esa organización.

El cónclave tuvo lugar en el Palacio de las Convenciones y allí estaba Fidel: inmenso y abarcador. Reflexionó en aquella reunión frente a un auditorio que sentía la dicha de poder reunirse con el máximo líder del país y uno de los hombres más extraordinarios de su época.

En el discurso clausura, o más bien en la conversación, el Comandante dedicó algunos minutos a relatar su entusiasmo con el libro Historia del Tiempo, de Stephen W. Hawking, científico del cual elogió su capacidad para sobreponerse a su estado físico y crear esta y otras obras magistrales.

A mí en lo personal me emocionó oírlo hablar de aquello, pues mi gran afición en esos tiempos era justamente la astronomía y sobre todo lo relativo al surgimiento del universo.

Después de terminada esa jornada de Congreso recibimos la increíble noticia de que Fidel compartiría con los delegados y fuimos invitados al Salón de los Helechos en el Consejo de Estado.

Yo quería saludarlo e incluso hablarle, pero no era tarea fácil, más de 300 muchachos se agolpaban cerca de él con la misma intención, pero una de mis armas era que, al ser tan flaco, me podía colar por cualquier espacio, lo cual me permitió, como se dice en buen cubano, caer de frente al Comandante; sin embargo, en medio de aquel alboroto provocado por mis coetáneos al pretender un autógrafo o una foto con él, solo quedaba la opción de usar mi recurso secreto.

Como buen lector, sabía que a los que conforman nuestra especie (la de los lectores empedernidos, de la cual forma parte Fidel) sufrimos una especie de hipnosis cuando nos hablan de un libro interesante y allí, a escasos centímetros de aquellas botas legendarias e inmensas, con voz emocionada dejé salir la frase mágica: Comandante, Comandante… hábleme de la Historia del Tiempo.

El efecto fue instantáneo, su mirada se inclinó hacia mí y su mano se afincó en mi hombro, me comentó: es un libro magnífico, relata cómo el universo era en sus inicios un punto diminuto y luego se produjo la gran explosión… Me parecía increíble que estuviera hablando con Fidel y más aún sobre ese tema. Hubiera sido una conversación más sensacional, pero el ambiente bullicioso y la presión lógica de mis compañeros por hablarle, impidieron que siguiese relatando pasajes del libro. Unos minutos después, tuvo que irse.

Yo me quedé allí a solas, reconstruyendo en mi mente aquel pasaje inolvidable. Años después pude conseguir la Historia del Tiempo y su lectura me parece siempre un acto de emotiva complicidad con FIDEL.

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