La inquieta ternura de Enmanuel

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Enmanuel tiene 20 años y su mirada es penetrante. Sus cejas bien delineadas y sus largas pestañas armonizan con un rostro que despierta ternura. A veces sonríe en señal de alegría, o de aprobación, o de agradecimiento. Otras veces endurece el rostro, aprieta el ceño y cierra los puños.

Enmanuel tiene 20 años, pero no ha correteado por los trillos de Pico Blanco, un pueblecito villaclareño de las lomas del Escambray, ni se ha bañado en el río, ni ha cabalgado por los cafetales. Tampoco disfruta de la televisión, ni puede decirle a su abuela cuánto la quiere.

Tiene una parálisis cerebral que le impide articular palabra, caminar, tomar objetos con sus manos o entender a quienes le visitan. No puede estar en otro lugar que no sea su cama o el sillón, donde su abuela lo sienta a la vista, mientras ella hace todas las labores hogareñas en su humilde casita.

Él está siempre aseado, fresquito, con su piel lozana, bien cuidado, y nos da mucha alegría encontrarlo así, sanito, me dijo la enfermera Yanitza Conent, quien con el médico del pueblo acude con frecuencia a visitarlo.

¿Y sus padres? No supe de la madre, pero el hijo de su abuela padece de crisis de ausencia por ser epiléptico, y no puede asumir el cuidado de Enmanuel de manera íntegra.

Es la abuela quien va del lavadero al fogón, y del fogón a la tendedera, y de allí hasta el sillón para acomodar a Enmanuel de otra manera, para cambiar de posición sus brazos y piernas. Ella parece fuerte, intenta serlo todo el tiempo.

Pensé entonces en la Resolución 217 del Ministerio de Salud Pública (Minsap), donde se exponen las enfermedades que requieren la entrega de recursos específicos para mantener en el domicilio la vitalidad del paciente, en especial, si se trata de familias con condiciones críticas.

Amparadas en esta Resolución, a estas personas se les puede hacer entrega de manera excepcional, mediante pago total o parcial por la Asistencia Social, de diversos artículos y equipos electrodomésticos que garanticen las condiciones indispensables para su bienestar.

El Consejo de la Administración Municipal (CAM) aprueba la entrega de artículos como hule, tela antiséptica, ropa, calzado, sábanas, toallas, muebles, colchones y enseres de cocina, mientras que el Provincial (CAP) avala el otorgamiento de los efectos electrodomésticos requeridos.

Agradecida está la abuela de Enmanuel, pues recibe el hule, los jabones, la tela antiséptica…, como está establecido, y además repondrá dentro de poco el colchón antiescaras que le garantiza un descanso más saludable a su nieto.

«¿Crees que pueda pedir una lavadora, aunque sea de las chiquitas? La trabajadora social sabe que la mía se rompió, y lavar a mano varias veces al día, con todo lo que tengo que hacer, me atrasa...». La desvencijada Aurika estaba en un rincón del comedor, inservible ya.

Quise expresarle que sí, que no habría problemas, que no lavaría más en la batea las sábanas, los culeros y la ropa de Enmanuel cada vez que él hiciera sus necesidades fisiológicas. Pero no me corresponde a mí decírselo, aunque tengo la confianza de que la lavadora podría llegar, porque los mecanismos que ha pensado el país para este procedimiento son normalmente eficaces y una reevaluación anual del caso, como establece la Resolución 217, sin dudas permite que se tomen en cuenta esta y otras necesidades para familias que se encuentran en condiciones críticas.

Enmanuel tiene 20 años y tengo la certeza de que vivirá muchos más bajo el cuidado de su abuela. Y ella, cuando se siente a la entrada de la casita mirando hacia las lomas, respirará aliviada porque no está sola, porque ella conoce bien la bondad de un país que sabe quebrar el desamparo en cualquier rincón.

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