Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Ozono cultural

Autor:

Miguel Cruz Suárez

La cubanía es para la patria, lo que el ozono para el planeta. Debilitarla es arriesgado y suicida, porque las grietas diminutas que aparezcan terminarán por convertirse en poderosos agujeros difíciles de subsanar y causantes de secuelas dolorosas.

Lamentablemente, como pequeñas (y a veces no tan pequeñas) señales, saltan por acá y por allá, actitudes y hechos que dañan nuestro «ozono cultural». Ahora puede que sean fisuras leves, inicios de un mal; pero si no las enfrentamos con inteligencia, terminarán por abrirnos potentes brechas por donde han de entrar con prisa las barras y las estrellas.

A veces por inocencia imperdonable o por intenciones bien estructuradas, pasan ante nuestros ojos destellos que apuntan a un desmantelamiento de costumbres, legados y raíces que forman parte esencial de la nacionalidad. El uso de banderas ajenas, fastuosas fiestas de 15, noche de brujas, Navidades al más puro estilo de Hollywood, por solo citar algunas de las tendencias que progresivamente se vienen afianzando, son un aviso inequívoco de que algo anda mal.

A esta confrontación cultural nada le es ajeno, su alcance va más allá de un sector o de otro. Cuando miramos con tristeza que los ídolos deportivos de nuestros niños y jóvenes andan más cerca del balón de fútbol foráneo que del bate de béisbol nacional (sin que nada tengamos en contra del más universal de los deportes), sentimos nostalgia por los tiempos de los estadios de pelota repletos o el afán de parecerse a Antonio Muñoz, o nos viene a la mente la postura valiente y digna de Teófilo Stevenson, al rechazar una oferta que otros aprueban como opción lógica e indiscutible.

Cuánta alegría nos ha dado, en medio del dolor por el desastre que el huracán Matthew causó en el oriente del país, presenciar las enormes muestras de solidaridad de todo el pueblo. Esos gestos de desprendimiento y bondad que han salvado tantas vidas dentro y fuera de la Isla, son también signos de cubanía. Ojalá las conductas egoístas y apegadas a lo material que también andan buscando espacio en el alma de algunos, no lleguen nunca a las alturas del ozono.

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