Me declaro disidente

Autor:

Yeilén Delgado Calvo

Triste, me relató lo sucedido. Había expresado sus inconformidades de frente; no en comentarios de pasillo que nada resuelven, sino ahí, delante de los responsables, de quienes podían remediar la situación.

«Fui crítico, sí, pero mantuve la ética». Sin embargo, lo contrarió el recibimiento frío a sus planteamientos: «Me miraron, Yeilén, como si fuera un disidente».

Casi me río de lo exagerado de su comparación, pero en unos instantes reflexioné y le contesté: «La cuestión no está en ser disidente, sino en de qué se es disidente».

A él lo sé disidente de muchas cosas: lo mal hecho, la chapucería, el conformismo, la gente que lleva a la Patria en el habla, pero no en el corazón…

Nos hemos dejado arrebatar la  palabra por quienes entienden muy poco de principios y de patriotismo. Disidente es el que diside, disidir es separarse de la común doctrina, creencia o conducta. Si hablamos de orden mundial, de hegemonía, de despiadado capitalismo, incluso de historia, se hace evidente que quizá no haya pueblo más disidente que el cubano.

Entonces, ¿por qué temer al término? Allá los vendepatria, los mercenarios, esos disiden de su país, de su gente, de su esencia. Yo me declaro disidente, así como socialista, revolucionaria, guevariana, fidelista, progresista, izquierdista.

Soy disidente del inmovilismo, de la demagogia, de los complacientes, así como de los hipercríticos, de los que esconden información, de los discursos huecos, de la falta de esfuerzo, del escaso compromiso, de la inercia…

Tal vez por ello, alguna vez, alguien me tache de subversiva como queriendo ofenderme; yo, por el contrario, me alegraré: ¿cómo ser periodista sin ser subversiva (sinónimos: revoltosa, revolucionaria, rebelde, agitadora, insurrecta, turbulenta, insubordinada)? ¿Cómo ser militante comunista sin ser subversiva? ¿Cómo ser cubana sin ser subversiva?

Cuba precisa de participación verdadera, no de abulia ni pesimismo. Por eso hacen falta unos cuantos disidentes subversivos como mi amigo, dispuestos a hablar, a buscarse problemas y a no establecer contubernio con la apatía. A falta de una mejor reflexión final tomo prestada esta frase: «La irreverencia es la célula de lo posible».

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