Las amorosas reflexiones que aún nos faltan

Autor:

Margarita Barrios

Hace unos días en el Congreso Internacional Pedagogía 2017, el teólogo brasileño Frey Betto contaba que entre las preguntas difíciles que realiza cuando visita una escuela en su país, está la relacionada con la educación sexual que reciben los alumnos, porque en realidad lo que se les enseña es solo cómo prevenir enfermedades sexualmente transmisibles.

En una clase de educación higiénica, destacaba, nunca se dialoga sobre el afecto y el amor. No se habla de espiritualidad, esa posibilidad que tienen los seres humanos y que puede estar vinculada o no con la religión. Y afirmaba que la educación ética debe incluir esos profundos valores, que permitan una relación armónica entre todos.

Las recomendaciones de Frey Betto muy bien pueden trasladarse a una escuela cubana, donde tampoco he escuchado que se aborden con frecuencia esos sentimientos, junto a otros como solidaridad, patriotismo y laboriosidad, que sí se incluyen en los programas de asignaturas como ética o Historia de Cuba.

Y ahora, por estos días todavía cercanos al 14 de febrero, me preguntaba si es el amor un sentimiento que puede aprenderse o «sembrarse», como suele decirse de otros valores éticos. Pienso que sí y que, como toda conducta, el ejemplo es fundamental para poder desarrollarlo. Con preocupación vemos que no todas las personas son capaces de amar en el más amplio sentido de la palabra, en el que se incluye no solo el afecto a la pareja, sino a los hijos y a los padres, a los amigos, a los compañeros de trabajo, por solo referirme al género humano.

El amor es algo más que miradas a la luna o el regalo de un día del año, es también comprensión, ayuda, solidaridad, merecimiento mutuo y tantos y tantos otros que, unidos, podrían abordarse en una clase con el resumen de todos los buenos sentimientos.

Claro, mi intención no es «amargar la fiesta». No estoy en contra de que se haya celebrado el Día de San Valentín, devenido en Cuba y en muchas partes del mundo exaltación al amor y la amistad. Halagar al ser querido con una flor, un paseo o un regalo nunca serán momentos despreciables, ni tampoco el de quienes deciden compartir entre amigos esa jornada festiva.

Siempre nos ayudará a sentirnos mejor el brindar por la oportunidad de vivir un día especialmente agradable y cariñoso, pero sin olvidar el necesario hecho de mirarnos por dentro para darnos amor todos los días, algo sobre lo que debiéramos reflexionar con mayor hondura en todos los espacios sociales en que convivimos y, sobre todo en los de formación escolar, donde se ayuda a formar los valores del hombre de hoy y de mañana.

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