De la manera más digna

Autor:

Nelson García Santos

El turista enfoca la cámara fotográfica sobre el hombre que duerme en el suelo, bajo el portal de un céntrico restaurante. Una y otra vez suena el obturador para captar imágenes desde distintos ángulos. Luego se las muestra a su acompañante y sigue retratando todo lo que le llama la atención en Santa Clara: el parque Vidal, el bulevar, su emblemática arquitectura y su gente, que anda en ese transitar rápido hacia el destino que lleva en la memoria.

Por la calle Plácido, en dirección al parque Vidal, avanza una mujer de mediana edad, pero de súbito detiene su marcha ante la imagen de un hombre hurgando en un basurero. Tras observarlo unos minutos, sin realizarle fotos, se le acercó y le regaló unas monedas.

Al percatarse de que había unas personas mirando la escena, se aproximó. Dio las buenas tardes y remató en perfecto español: «Vivo en París y allá acostumbro regalar ropa a desamparados como ese». Y continuó su andar.

Obvio. A ningún visitante lo sorprende encontrar en nuestras ciudades deambulantes o a alguien pidiendo limosna, pues conocen muy bien esa realidad, afianzada en sus países de origen. Quizá el motivo de su fijación estriba en que acá no pululan.

Los turistas, la mayoría, para no pecar de absoluto, desconocen que esos individuos cuentan con la protección de la seguridad social, además de la exigencia estatal a sus familiares para que los amparen como les corresponde.

El hecho de su reducida presencia a la vista pública en esta ciudad tiene mucho que ver con el trabajo del Centro de clasificación de deambulan-

tes, encargado de facilitar la reinserción social o una atención especializada, según la situación de salud de tales pacientes.

Luego del diagnóstico realizado por un equipo médico, se contacta con la comisión de prevención del lugar de origen de cada una de las personas afectadas para realizar los trámites pertinentes, incluidos sus familiares, si los tienen, para proceder entonces a la ubicación más adecuada.

Desde 2015, fecha de la creación de esa institución hasta el pasado año, diagnosticaron en Villa Clara 77 personas con esas características, principalmente ancianos, enfermos siquiátricos, discapacitados y alcohólicos.

La mayoría, luego del estudio de cada caso, se reincorporó al seno familiar, mientras que hubo una parte que fue acogida en hogares de ancianos y centros siquiátricos.

Los datos confirman que no se trata de nada casual ese horizonte despejado, en gran medida, de desamparados, sino de un empeño sistemático para atender a los que vayan apareciendo aquí o allá, con el fin de encauzarlos de nuevo junto a sus familiares o en una institución estatal para que vivan hasta el final de sus días de la manera más digna posible.

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