Pedimos cámaras y micrófonos

Autor:

Osviel Castro Medel

«El domingo, a las ocho de la mañana, se va a colocar la primera piedra de la parada, una trascendental parada ubicada en El Revuelco, y necesitamos que estén los compañeros de la televisión para que divulguen el acontecimiento».

«Nosotros somos del Grupo Sectorial de Colocación de Arandelas; hemos venido aquí a convocar a la televisión para un interesante matutino que desarrollaremos mañana, dedicado al cumpleaños colectivo del Área de Roscas».

«Pedimos, por su importancia, que esté la prensa, especialmente la televisión, en el acto de siembra de un árbol de guásima, que constituirá el tercero de nuestro bosque de especies de sombra».

Tal vez alguien pudiera esbozar una sonrisa —o levantar las cejas— al leer estos tres ejemplos, que, por supuesto, son ficticios. Sin embargo, no están muy distanciados de nuestro día a día, pues a menudo organismos, entidades, empresas… solicitan «cámaras y micrófonos» para las más impensadas actividades: la entrega de un donativo que cabe en una mano, la inauguración de una fuente de agua, la siembra de una planta y otras tareas que, aunque necesarias en la cotidianidad, poco aportan desde el punto de vista noticioso.

Los he insertado ahora en estas páginas rebeldes porque evidencian cierta tendencia ligada a un «narcisismo social», muy dañino en un país como el nuestro. Pueden inflar realidades, maquillar problemas y ocultar verdades y hechos.

Resulta el afán de marcar puntos o de «ganar en imagen» a costa de un medio cuya función no consiste en ser espejo echador de aires y aureolas, sino en servir a la mayor cantidad de personas.

No resulta la primera vez que el tema se «televisa» en estas páginas. Hace casi nueve años este periódico publicó Amor al vidrio, un comentario en el que se escribía sobre el perjuicio que nos provocan el campañismo desmedido, la fiebre por la susodicha imagen y el ansia de «marcar tarjeta» para el país.

Y contaba el ejemplo de un acto de masas en que, con miles esperando, sus organizadores no comenzaron hasta que llegó la codiciada cámara con sus acompañantes. También hablaba de las exigencias veladas cuando el acto o la reunión «no salieron» en la TV.

«Lo cardinal es entender que no se ha de vivir de las pantallas. Lo cardinal es que la TV, importantísima e insustituible por su alcance y por su fuerza, no puede convertirse en el fin de los sucesos y los actos; debe ser, estrictamente, un medio», exponían aquellas letras.

Pero a la vuelta de casi una década la situación no parece haber cambiado mucho; algunos siguen viendo en la pantalla el fin supremo de «lo bueno» que hacen. ¿Han llamado cuando «edifican lo malo»?

En definitiva, como señaló el más grande de Cuba, «las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para que lo vea a uno pasar». Se hacen con o sin las cámaras y micrófonos.

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