Atrapados en una rara pirámide - Opinión

Atrapados en una rara pirámide

Autor:

Ania Terrero

Cuando a los niños más pequeños les preguntan qué quieren ser, las respuestas oscilan entre peloteros, bailarinas, bomberos, e incluso, cosmonautas. En la adolescencia la cosa se pone un poco más seria: empiezan a hablar de ser doctores, maestros, científicos y abogados. Después deben definir —a veces en segundos y terceros intentos— qué oficio o profesión ejercerán, pero la vida sigue dando vueltas.

Como es lógico, en la medida en que las personas maduran sus proyecciones se vuelven más atinadas. Empiezan a pensar en responsabilidades que trascienden el deseo de viajar a otros planetas y tienen más que ver con la necesidad práctica de mantener una casa, una familia y contribuir a la sociedad. Pero siempre queda algo del deseo infantil, traducido ahora en aspiraciones concretas.

Glenda trabaja como camarera en una de las paladares con más años y prestigio de La Habana. Cada noche el diez por ciento de las ganancias del restaurante y las propinas se reparten entre los trabajadores. Ella trabaja un día sí y uno no, desde el mediodía hasta las dos de la mañana, y por semana acumula entre 100 y 150 CUC. Con ese salario vive alquilada, manda dinero a su familia en Bayamo, va de vacaciones a Varadero y tiene pocos problemas económicos. Antes estudiaba en la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría, pero la dejó cuando los horarios empezaron a chocar y las notas, a bajar.

La decisión no fue fácil: dejar una carrera universitaria por un puesto inseguro en el que tendría mejores ingresos. Sin embargo, incluso con el riesgo de que la paladar cerrara o el dueño prescindiera de su puesto, esta opción pesó más en la balanza que el título universitario y el futuro profesional. De cierto modo —pensó—, tampoco tenía certezas en un sector estatal que no pagaría lo suficiente para mantenerse ella y a su familia.

Cuando era niña a Glenda también le preguntaron qué sería y más tarde se decidió por Ingeniería en Telecomunicaciones. Pero la vida siguió dando vueltas y hoy trabaja como camarera, no como ingeniera. Aun si logra mantenerse en este trabajo, pasará los próximos años en un puesto muy por debajo de sus capacidades.

Cuando en un país una parte de los universitarios empieza a renunciar a sus carreras y a su satisfacción intelectual, y para tener un buen salario acude a servir platos, pulir pisos o trabajar en una lavandería, los riesgos a nivel individual y colectivo son muy altos.

El sector privado prioriza contratar a estudiantes y graduados universitarios, porque suelen tener mejor preparación. En Cuba la propiedad privada está aprobada en actividades que no son estratégicas para la economía. Las de mayor peso para el avance y sostenimiento del país seguirán en manos del Estado, que debe buscar formas atractivas para retener a sus profesionales.

En toda nación debe haber científicos y camareros, pero la diferencia la tienen que marcar sus aptitudes y vocaciones. Para ello, aquellos que serán artífices del desarrollo en campos como la educación, la ciencia o la agricultura, necesitan las certezas de que sus ingresos bastarán para satisfacer sus necesidades económicas a partir de su trabajo, o de lo contrario no superaremos la actual situación de pirámide social invertida.

Laura tiene una historia parecida, pero con distinto final. Ella acaba de graduarse de Comunicación Social. Mientras estudiaba, trabajó primero en un negocio pequeño y luego pasó a un restaurante de alto nivel. En este último estuvo alrededor de seis meses con buenos ingresos, pero cuando llegó la tesis decidió dejarlo. Nadie le iba a guardar el puesto mientras se graduaba.

«Cuando pensé en mi futuro, supe que no quería pasarme la vida sirviendo mesas y decidí irme para terminar la tesis. Todavía tengo algunos ahorros en el banco gracias a esos seis meses y estoy buscando algo que me permita ganar dinero haciendo lo que estudié. La verdad, aún no tengo seguridad de que con mi profesión vuelva a tener ingresos similares», me cuenta.

En la última sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro, habló de los retos que implica la propiedad no estatal. «...El ritmo y la profundidad de los cambios que debemos introducir en nuestro modelo deben estar condicionados por la capacidad que tengamos de hacer las cosas bien y rectificar oportunamente ante cualquier desviación», apuntó.

Se refería, sobre todo, a ilegalidades que se han cometido en este sector emergente. Cuba se está redefiniendo y eso implica grandes retos. Si bien la Resolución No. 6, de 2016, del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, vinculada con las formas y sistema de pago en el sector empresarial estatal cubano, dio los primeros pasos alentadores en la reestructuración de los salarios de acuerdo con la productividad, aún queda por hacer para evitar que los estudiantes universitarios abandonen las carreras, sean infelices o sus capacidades se desaprovechen.

Las soluciones no pasan por estigmatizar al sector por cuenta propia o a las cooperativas, ni renunciar a estos. Se puede estudiar y trabajar a la par. En todo caso, se trata de tener un sector estatal cuyas condiciones salariales y de satisfacción económica le haga competencia.

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