La «F» del Comandante

Liudmila Peña HerreraLiudmila Peña Herrera
11 de Agosto del 2017 20:17:03 CDT

BIRÁN, Holguín.— «Mañana soy yo quien va a conversar con Fidel», le aseguró Esther a Mayelín, su compañera de trabajo, con una certeza premonitoria.

Esa noche la ansiedad no la dejó dormir suficiente. Pero durante las pocas horas que logró «pegar los ojos», soñó que, en efecto, dialogaba con el Comandante. Los detalles no los recuerda bien. Cómo podría haberlo grabado cuando la realidad se le presentó, al día siguiente, el doble de fascinante.

El 23 de septiembre de 2003 la escuela primaria 6 de Agosto, de Birán, transpiraba emoción por todas las esquinas. En cualquier momento iba a aparecer la figura alucinante de Fidel.

Por mucho que uno indague sobre ese día, casi todas las pistas conducen a Esther. «¡Búsquela, periodista, y que le cuente bien cómo pasaron las cosas!», dice un trabajador de la escuela, indicando el camino hasta su casa. Aunque no es demasiado cerca, encontrarla no resulta complicado. Los pueblos pequeños llevan ventaja cuando se trata de hallar a la gente; y si es maestra, todo el mundo la conoce.

Hay que sortear unos cuantos recovecos desde la escuela hasta su casa, pero preguntando nadie se pierde. La visita es inesperada; sin embargo, no hay asombro en Esther, quien me invita a sentarme y hasta me ofrece un cafecito antes de preguntar «¿qué es lo que la trae por aquí?». «Fidel», le digo, y los ojos le centellean. Quiero saberlo todo, y ella cuenta:

«Cuando llegó, yo estaba impartiendo clases en el aula de 5to. B. Todo permanecía muy tranquilo, como si no pasara nada. Entonces entró él, saludándonos con una sonrisa. En silencio, miró la pizarra detenidamente y preguntó: “¿Usted fue quien escribió eso?”».

A Esther las piernas le temblaban, mas respondió lentamente que sí, buscando en su memoria en qué podía haberse equivocado. «¿Dónde aprendiste a escribir así, tan lindo?», inquirió Fidel, justo cuando ella comenzaba a recriminarse mentalmente por no haber borrado la pizarra al terminar la clase de Lengua Española.

«¿Dónde hay una tiza?», preguntó otra vez el Comandante y se la entregó a la maestra. «Me mandó a escribir su nombre y después intentó hacer los rasgos como yo, pero la F no le quedaba igual. Entonces se me acercó y me dijo al oído: «Ninguno de mis maestros me enseñó a hacerla bien».

Han pasado casi 14 años desde que Esther Rodríguez Martínez conversara, durante 15 minutos, con uno de los hombres más queridos por su pueblo. Desde esa fecha hasta acá, mucho ha sucedido en Birán y en nuestro país. Ella misma ya no desanda los pasillos de la escuela cargada de cuadernos o libretas. Ahora han llegado los tiempos de la jubilación, del recuerdo.

Pero aquella firma sigue intacta, retando al tiempo, en la misma pizarra donde la delineara Fidel en el aula que, luego, fue convertida en sitial histórico.

Por muchos años, Esther regresó allí donde una vez tuvo el corazón en la boca y el coraje de un país al alcance de un abrazo. Hasta ese sitio venerado por todos en la escuela, llevaba la maestra a sus alumnos de primer grado —como lo siguen haciendo otros profesores hoy—, para contarles a los más chicos cómo fue el día en que una sencilla maestra de Birán le enseñó a escribir mejor la «F» al Comandante.

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    1. 1

      Cesar75 - 12 de Agosto del 2017 9:19:11 CDT

      Cuando vi la “F” en mi mente se tradujo a ¡Fe!, el Comandante si a algo inspiró, fue a la CONFIANZA de su PUEBLO en él, y me viene también a la mente cuando pienso en Fidel la ya vieja frase, “Dirigir podrán muchos, pero ser LÍDERES .. ” Fidel será siempre nuestro LÍDER eterno, sobre todo porque inspiro confianza, con ese magnetismo de Martí, logró la unión de la mayoría de los cubanos en pos de una causa justa.

    2. 2

      Nelson Leyva de la Torre - 12 de Agosto del 2017 21:19:56 CDT

      Interesante anécdota, y privilegiada experiencia personal la de esta maestra por haber tenido el privilegio de compartir con el líder histórico de la revolución cubana (La «F» del Comandante, Liudmila Peña Herrera, 11 de Agosto del 2017). Desde el mismo triunfo de la revolución, han sido innumerables los compatriotas –hombres y mujeres sencillos– que han vivido semejante e inigualable experiencia. Digo inigualable porque Fidel era, es y seguirá siendo único. Y es tan así, que su pensamiento y su obra se percibe en cada uno de los logros de nuestro hermoso proceso social, en cada rincón, a lo largo y ancho de nuestro país. Sin embargo, visitar la ciudad de Santiago de Cuba, urbe heroica, cuna de la revolución, constituye hoy una experiencia histórica: ¡Allí está él! Justo allí, en la Necrópolis Santa Ifigenia, donde reposan, aun llenos de irradiante patriotismo, los restos de nuestro Apóstol José Martí, rodeado de una pléyade de mártires de nuestras luchas por la independencia definitiva. Allí, donde diariamente acuden cientos de compatriotas y personas de otras latitudes para rendirle merecida pleitesía, y decirle: Comandante, aquí estamos los agradecidos, los que siempre cabalgaremos a tu lado. Los que, en el 91 aniversario de tu natalicio, te recordamos vivo, pujante y alerta…. Nelson Leyva de la Torre.

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