Irma, la palma y el busto

Autor:

Enrique Milanés León

Seamos directos: los modelos de pronósticos no alientan el mapa de nuestras vidas. Aunque esta verdad tiene no pocos enemigos, poderosos ellos, por cierto, el efecto invernadero global aumenta la temperatura del agua y la humedad, dos elementos básicos en la «dieta» de un ciclón. Y en la hermosa área geográfica que nos tocó en suerte tenemos un mar Caribe cada vez más caliente, lo que nos hace esperar que los «hijos y nietos» de Irma serán aun más fuertes que esta iracunda señora de la escala 5. Así que no hay más salida que perfeccionar nuestra ya eficiente preparación al respecto.

Haciendo un balance de sensibilidades y comparando a Cuba con Cuba, que es la mejor referencia, diez muertos en un mismo evento es demasiado para los cubanos. Esas vidas son lo único que no podremos regresar en la fase recuperativa. Es cierto que este huracán se las traía, pero nuestra categoría de pueblo unido, en la brisa y en la borrasca, es muy superior. Duele solo imaginar, por la causa que haya sido, a una anciana flotando, muerta; a dos jóvenes perderse en una guagua, y a dos hermanos irse juntos… duelen todos y, por eso, sin permitir que quienes no quieren a Cuba manipulen sus decesos, tenemos que pulir las maneras de ganarles, a pura inteligencia, vidas al ciclón.

Tanto o más que trabajar en el fomento oportuno de la percepción de riesgo, hay que enfrascarse en la plena conciencia popular que comienza en la cultura. La incultura cuesta vidas, y esos islotes de ignorancia que se instalan en nuestro panorama lesionan mucho más que el lenguaje y la gestualidad. Familias enteras enajenadas de la realidad, peleadas a muerte con nuestros noticieros, estarán siempre menos preparadas de lo requerido. Y las entidades correspondientes tendrán que resolver de una vez el dilema de que los radioreceptores y sus baterías sean una rara avis —también una «cara avis»— en nuestra red comercial. Hasta las escuelas deberían fortalecer la enseñanza de estos tópicos. El conocimiento no es lujo; lo sabe esta Cuba humilde que siempre ha ubicado su real diferencia en el saber.

Vaya un triste ejemplo: el de los presuntos graciosos que todos vimos en fotos en la red social Facebook, jugando dominó en la calle, con el agua a las rodillas, en una Habana que había perdido hijos y necesitaba a esa hora los brazos fuertes que ellos empleaban en tirar fichas. Otros bailaban en arterias anegadas mientras grupos mayores paseaban cual si recorrieran otra Rampa anfibia. Cada quien dio su opinión, pero donde algunos vieron la clásica resiliencia cubana yo vi indiferencia, irrespeto y burla.

Volviendo a las bajas, habría que pensar hasta qué punto sea prudente la evacuación obligatoria. Es mejor salvar una vida, a la fuerza incluso, que llorar para siempre la fatal irresponsabilidad de una persona.

No, por mucho que agradaron ciertos memes que presentaban en la web al respetado Doctor Rubiera como un «mataciclones» o algo así, por mucho plan de la Defensa Civil y muchas medidas de los Consejos de Defensa en el país, las provincias y los municipios, todo estará incompleto si la ciudadanía en pleno no está a la altura. Vimos, literalmente, demasiada irresponsabilidad andante cuando el viento aconsejaba protegerse.

¡Qué bueno que el órgano de trabajo jurídico del Consejo de Defensa Nacional informara la radicación de 35 procesos penales por delitos cometidos en la coyuntura del huracán! Porque la inseguridad, que lleva a algunos ciudadanos a aferrarse al cuidado de sus cosas, atenta en directo contra las vidas. Y quien no cuidó bien lo que es del pueblo, que le pague al pueblo en tribunales.

Tales son los pronósticos: si en el siglo XX el nivel oceánico subió una media de 20 centímetros, se espera que la Tierra llegue al 2100 con casi un metro más. De modo que se perderán casas, aparatos, incluso trozos de litoral, ¡pero que no se pierdan más cubanos!

En estos lances, uno piensa en Sindo Garay, que compuso El huracán y la palma inspirado en una foto del ciclón de 1926 que mostraba una palma sobreviviente, aun cuando fue «apuñalada» de lado a lado por un madero volador. «Pero hay una palma/ Que Dios solamente/ Le dijo al cubano/ Cultiva su honor/ Que erguida y valiente/ Con blanco capullo/ Que sirve de espada/ Doblada hacia el suelo/ Besando la tierra/ Batió el huracán». Cuba siempre es esa palma.

Uno aprecia los símbolos nuevos. Irma no pudo escapar de ellos: esa imagen del Che, firme en una pared casera en Yaguajay a pesar de que el viento se había llevado el techo —en foto tomada por el periodista Oscar Alfonso— y, sobre todo, la instantánea en que el fotorreportero Yander Zamora eternizó a José Daniel, el niño de Punta Alegre que rescató del mar y los escombros un busto martiano. Son raíces que anclan la paz anticiclónica de este pueblo. Para cultivarlas, usemos incluso el agua de Irma.

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.