Omnipresente pelota

Autor:

Juan Morales Agüero

La pelota, que se vive por estos días con tremenda expectativa, forma parte del ADN nacional. Fíjese que digo pelota y no béisbol. Porque en Cuba nadie dice «Voy al estadio a ver el béisbol», ni menos «Prefiero ver el béisbol por la tele». Decimos pelota, a pesar de que otros deportes también usan implementos denominados así. La pelota, en gratitud, le ha legado al discurso popular un glosario de expresiones al que todos, en determinadas circunstancia, hemos apelado alguna que otra vez. Veamos:

Si alguien es pillado in fraganti con las manos en la masa, se le considera «cogido fuera de base». En cambio, estarse «quieto en base» es no meterse jamás en problemas. Ocultar algo en provecho propio es «esconder la bola». Si ante una coyuntura difícil se adopta la peor de las decisiones, es «irse con la bola mala». Y puede que, por esa causa, hasta «se le complique el inning».

De la persona que se encuentra en situación complicada, afirmamos que está «en tres y dos». Y si no hace esfuerzos por resolverla y al final fracasa, pues «se dejó cantar el tercero». Aprovechar una buena ocasión es «hacerle swing» o «tirarle a la buena». Lo triste es cuando se espera una respuesta positiva y ocurre lo contrario. Entonces la víctima queda «con el bate al hombro».

De un superior pusilánime, sus subordinados comentan que «no tiene nada en la bola» o que es un «out por regla». Y de uno sumamente estricto, que «está por la goma» o que «pitchea bajito». En el caso de que alguien irrumpa a desempeñar un puesto importante, se dice que «llegó de fly». Y si luego lo separan  por incompetente, sencillamente «explotó». La búsqueda discreta de un sustituto significará que hay «movimiento en el bullpen».  

Puede ocurrir que un candidato a ocupar una plaza exigente en un centro de trabajo reciba esta advertencia: «Oiga, amigo, esto aquí es al duro y sin guante». Si tiene en cuenta la observación en su futuro desempeño es porque «cogió la seña». Y si después de que lo aceptaran consigue resultados espectaculares, fue porque «le dio a la pelota en la misma costura» o «la botó de jonrón».

De quienes esquivan responsabilidades con todo tipo de excusas se dice que «meten curvas». Y si acuden a la mentira para salvar el pellejo, pues «meten líneas». Alguien enviado expresamente para resolver un caso espinoso, es un  «bateador emergente». Si logra su objetivo, «salvó el juego». Y si con su acción impide que un rufián se salga taimadamente con la suya, «lo dejó al campo».  

De la reunión que comienza a una hora, pero cuya terminación nadie es capaz de predecir, se asegura que, a semejanza de los batazos entre dos jardineros, «la bola pica y se extiende». Si en esa misma reunión a alguien se le ocurre hacer un planteamiento cuando ya todos los presentes se disponían a irse a casa, se suele decir que lo hizo «a la hora de recoger los bates».

No acertar en ningún propósito durante un margen de tiempo, tanto en lo sentimental como en lo profesional, es caer en un «slump» o «irse en blanco». Y si, utilizando artimañas, se logra escapar de una celada cualquiera, es «dejársela en el guante» al persecutor. Y en el caso de que se quiera evadir sutilmente a una persona incómoda, entonces lo mejor es «tirarle cuatro bolas malas».

Queda todavía tela por donde cortar. Un «cambio de bola» encarna una contraorden que toma a todos por sorpresa. Alguien que exhiba ineptitud es un «foul a las mallas». Y si una decisión sobre un asunto determinado puede parecer paradójica, se afirma que no hay razones para inquietarse demasiado, porque, en definitiva, «la pelota es redonda y, sin embargo, viene en cajas cuadradas».

Nuestra pelota anda de pláceme por estos días con la inminente final de nuestro campeonato doméstico. Los graderíos volvieron a colmarse y las pasiones a caldearse. No dudo que en este  contexto surja alguna nueva expresión que refleje cuán hondo cala en las simpatías criollas el bien llamado deporte nacional.

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