Luis Almagro, un oportunista impresentable - Opinión

Luis Almagro, un oportunista impresentable

Autor:

Lázaro Fariñas

Hace poco más de una semana, la ralea anticubana de Miami, asalariados del Gobierno norteamericano, recibieron en Miami a Luis Almagro, el impresentable Secretario General de la desprestigiada Organización de Estados Americanos, la políticamente inservible OEA. Muchos adjetivos calificativos en una oración, ¿verdad? Claro que, no están ahí por capricho ni con ánimo de ofender ni tan siquiera para llenar espacios, sino porque, realmente, son imprescindibles. Todos son muy bien merecidos.

El impertinente viajero llegaba procedente de Lima, a donde fue a entrevistarse con el Presidente de aquel país, Presidente que se salvó «en tablita» de ser destituido, gracias a una jugada política que ha recibido el repudio callejero de una mayoría del pueblo peruano. Almagro, que aparentemente es muy selectivo para escoger con quién se reúne y a quién critica, le habló a la morralla miamense sobre la necesidad de no aceptar los resultados de las elecciones que próximamente se llevarán a cabo en Cuba y Venezuela. Se podrá uno preguntar ¿quién se creerá que es este desviado caballero para aceptar o no aceptar el resultado de ambos comicios? ¿A quién le importa si Almagro no acepta los resultados de ambas elecciones? Este hombre tiene una enfermiza obsesión con Venezuela. No hay un día ni lugar que no haga declaraciones contra el Gobierno que preside Nicolás Maduro Moros. No tiene otra forma de calificar al Gobierno venezolano que no sea acusándolo de dictatorial, no hay día que pase que no pida abiertamente su derrocamiento. El Gobierno pide diálogo abierto con la oposición y Almagro lo critica; se convocan elecciones libres y pluripartidistas y acusa al Gobierno de tratar de hacer fraude. Por supuesto que, el Secretario General es muy selectivo cuando habla. Cuando hace muy poco el Gobierno de Juan Orlando Hernández en Honduras cometió un tremendo fraude, —fraude que llevó a la calle a modo de protesta a cientos de miles de hondureños— este personaje solo le dio una palmadita en la mano a Hernández para que no lo volviera a hacer. Los corruptos del Parlamento brasileño le dieron un golpe de Estado a la presidenta de aquel país, Dilma Rousseff, y reinó la tranquilidad por todos los salones de la OEA. Nada, que Almagro cumple muy bien su papel de ser una marioneta, que critica o justifica lo que el Gobierno de Estados Unidos justifica o critica.

Pues bien, llegó a Miami para hablarles a los acongojados combatientes verticales de pacotilla que están todos apesadumbrados porque su presidente, Donald Trump, les cortó la mesada en dos en el nuevo presupuesto que presentó al Congreso para su aprobación. Vino como para consolar a los aguerridos guerreros de la Calle Ocho por la pérdida económica y así la emprendió con Cuba, sus elecciones, su Gobierno y con su pueblo. Realmente, no vale la pena ni repetir las distorsionadas frases que utilizó para describir la realidad cubana, todo para darle por la vena del gusto a los allí reunidos. Por supuesto que Venezuela no se podía quedar atrás y la emprendió con insultos a «la dictadura de Venezuela». Vale la pena afirmar que esa llamada dictadura venezolana tiene un récord muy bien ganado de hacer elecciones tras elecciones, que acepta la existencia de diferentes partidos de oposición y que tiene un sistema de libre empresa donde abundan los negocios privados y en donde circulan periódicos y transmiten emisoras de radio y de televisión que critican libremente al Gobierno.

Este señor, que algunas veces parece un payaso de circo en el medio de una pista, hace el ridículo una y otra vez en la esfera política latinoamericana.

Hoy en día, ni los Gobiernos más derechistas de América Latina le hacen caso a las cosas que hace o dice. Sus pronunciamientos y declaraciones no tienen el menor poder, ni la menor importancia en América Latina, y mucho menos en Estados Unidos, país donde más lo irrespetan.

Es increíble que una persona que haya sido durante años canciller de uno de los Gobiernos más queridos y admirados de Latinoamérica, un Gobierno que dirigió uno de los políticos más decentes, éticos, honrados y humildes de la región, haya terminado en lo que ha terminado Luis Almagro, reuniéndose y siendo admirado por esta caterva miamense y los políticos más corruptos de América Latina.

¿Cómo es posible que este hombre haya sufrido tal metamorfosis? Hay que ser un ingenuo para pensar que esos fenómenos se dan de pronto en la vida.  Hay que recordar que árbol que nace torcido jamás su tronco endereza, y creo que Luis Almagro, el flamante Secretario General de la desprestigiada OEA, aunque lo ocultó por muchos años, nació torcido.

La despedida que le hizo Pepe Mujica es, y textualmente la cito, para recordar y para no olvidar: «Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido.»

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