¿Quién ha roto esa farola? - Opinión

¿Quién ha roto esa farola?

Autor:

Hugo García

La prensa matancera se ha hecho eco de varios sucesos lamentables contra el patrimonio citadino, que se suman a otros ya denunciados en este diario. Lo más lamentable es que estas agresiones, que no parecen detenerse, ocurren en una ciudad abocada a su 325 cumpleaños y en la que se acometen diversos proyectos para embellecerla.

Parecería una contienda entre los que aman y fundan y los que odian y destruyen, como alertara el Apóstol cubano.

El semanario Girón denunció que a un pequeño parque, en la barriada de La Marina, les fueron dañadas las farolas, le robaron parte de los adoquines y otros elementos a muy poco tiempo de su reparación.

Según el fotorreportero Ramón Pacheco, «cerrarles las puertas a los malhechores es la única manera de dormir tranquilos con la certeza de que al siguiente día podremos disfrutar de un entorno agradable».

Ese mismo medio, en su sección Portal de la Ley, informó que fueron sancionados a cinco años de privación de libertad dos ciudadanos, quienes el pasado 19 de octubre sustrajeron cuatro cestos de aluminio fundido destinados a la recolección de la basura, recién colocados en una calle en el afán de embellecer esa área, justo en la ribera del río San Juan.

El periodista Oliver Santana de la Peña recoge en su nota que la Sala Primera de lo Penal del Tribunal provincial Popular de Matanzas, en su Causa 25, de 2018, impuso además resarcir los daños materiales a la empresa de Servicios Comunales por un monto total de 6 000 pesos, a pagar 3 000 cada uno de los implicados.

En la edición de Girón del pasado 10 de mayo el periodista Arnaldo Mirabal Hernández titula su información Nadie atentará contra el empuje transformador de la ciudad, en la cual testifica sobre el ultraje a dos farolas recién colocadas como ornamento a la obra mural del artista Jesús Alberto Mederos Martínez, que pinta al lado del Cuartel de Bomberos.

Este último hecho ocurrió el 29 de abril e igualmente atenta contra el objetivo de las autoridades matanceras y la mayoría de sus habitantes de devolver a la ciudad su esplendor patrimonial.

Todos estos actos vandálicos demuestran lo que falta por recorrer para lograr solidificar una expansiva cultura patrimonial y una sensibilidad hacia todo el entorno material, espiritual y ambiental citadino, tanto aquí como en otras partes del país.

Patrones en los que debe educarse desde la infancia, para que florezcan en la juventud y continúe la cosecha en la adultez. Solo así tendremos las ciudades que queremos todos, amada y resguarda por sus residentes y admirada  por quienes las visiten.

Involucrar a todos en el cuidado es vital. Para ello no se trata solo de que cuando amanezcamos elevemos el grito al cielo al apreciar el vandalismo y el deterioro de algún bien, porque a veces vemos y callamos, sobre todo en las horas de la noche-madrugada, cuando las fechorías se ejecutan.

La mayoría ama y los que destruyen son la minoría, por tal motivo hay que dar la batalla amorosa y de rigor para detener estos hechos, que al fin y al cabo constituyen una agresión y un ultraje a todos que después, como en la canción infantil, nos preguntamos a coro: ¿quién ha roto esa farola?

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