Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Un septiembre especial

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

Septiembre se convierte siempre en un mes muy especial para la espirituana Yésika Mora Hernández. La rutina de dos meses de vacaciones de su cuarto aséptico se rompe y, una vez por semana, el pequeño salón se convierte en aula. Los símbolos patrios, un mural actualizado y diferentes medios didácticos disipan todo objeto que le recuerde que vive aferrada a un equipo de ventilación mecánica y todo tipo de atenciones médicas por padecer la enfermedad de Werdnig Hoffman tipo I.

Pero este septiembre será doblemente especial. Vestirá, por vez primera, el uniforme amarillo y blanco. Contará con una nueva maestra y las materias exigirán mucho más de su atención. Lo espera desde su último día en sexto grado, cuando su pequeño cuarto en el hospital pediátrico José Martí, de Sancti Spíritus, donde vive  —prácticamente desde que nació hace 12 años—, se hizo más reducido por su graduación de la enseñanza Primaria.

En esa jornada abrió los ojos tan grandes como pudo porque la alegría no le cupo en su endeble cuerpo al recibir el libro La Edad de Oro, de José Martí, texto que llegó a las manos de cada uno de los niños y las niñas del país al concluir ese nivel educativo. Su mejilla se enardeció con el beso de despedida de María del Carmen Caballero García, su maestra desde prescolar; verdadero ejemplo de consagración al magisterio y a la enseñanza de quienes poseen necesidades educativas especiales.

Ella con dosificaciones exactas de paciencia y experiencia, se agenció de todo cuanto creyó necesario para lograr que la pequeña aprendiera los secretos de los números y las letras. Le creó a Lola, una muñeca de trapo, vestida de uniforme y testigo fiel de cada enseñanza. La simpática compañera de trenzas largas motivó cada comprensión de texto, cuenta matemática e, incluso, suscitó alguna que otra competencia para que Yésica demostrara que era la mejor de la clase.

Domó como nadie la atípica aula, despojada de los arrastres de las sillas y mesas, la algarabía infantil y las conversaciones en susurro. Le bastaron solo la entrega y el amor para que el día de clases fuera el más esperado de la semana.

Así, poco a poco, entre la adolescente y la pedagoga, con el apoyo incondicional de la familia y el colectivo de la institución hospitalaria, se entabló una comunicación muy intimista, gracias a las señas hechas por los ojazos negros infantiles. Cada uno de los movimientos visuales dirigió los trazos en las libretas, como resultado de la toma de su mano por la de quien la cuidaba.

Y aunque María del Carmen no será más su guía, prometió regresar siempre porque Yesy tiene el don de enamorar, de atraer hacia ella con una energía única a las personas en un pacto de complicidad afectiva, pues abriga muchas conquistas al ser la paciente de más larga sobrevivencia en Cuba con una atrofia muscular espinal tipo I. No obstante, le dejó como fiel compañera a Lola, quien también anda feliz porque cambiará de uniforme, para que le cuente sobre todo su accionar.

Este septiembre se alzará como una nueva etapa para esta pequeña espirituana, mimada por todo el colectivo médico y familiar, que le sigue minuto a minuto y son responsables de mantenerla reluciente y linda, a pesar de la atrofia y debilidad muscular, que se posó en su esencia. Será otro momento crucial para volver a demostrar que Yésica no entiende de impedimentos porque se arropará de ese don único que regala a quienes la conocen y engrandecerá sus días, escoltados por un mayor conocimiento.

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