Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Por el Trillo de la Patria

Autor:

Santiago Jerez Mustelier

Lo que sucedió en el Parque Trillo fue un diálogo genuino, diverso, plural, espontáneo, trascendente, de generaciones… por el bien de la Patria. Con ello no quiero decir que lo sucedido frente al Ministerio de Cultura (Mincult) no fuese con las mismas intenciones, quizá se trató de modos diferentes de dialogar. Bienvenido el diálogo, al fin y al cabo.

Pero lo que vi en Trillo fue para mí histórico, sobre todo por lo expresado allí. Estaban congregados lo mismo universitarios y jóvenes que ancianos, niños, personas maduras, obreros, intelectuales, deportistas y artistas; Cuba unida en la diversidad, con respeto, por un propósito mayor. «Me gusta lo que están diciendo, esta juventud la está echando como´e», opinó uno de ellos.

En la Tángana hablaron personas que nunca había visto; solo a tres conocía. Ninguno sobrepasaba los 27, y eran heterogéneos. Todos disertaron sobre cosas distintas, aportaron. Algunos se aferraron a un papel, otros tartamudearon, alzaron el dedo, se agarraron del micrófono, tuvieron nervios. Pero todos compartieron ideas que me llegaron.

Fidel, Martí, Gramsci, Céspedes, Quintín Bandera fueron mencionados con fervor. Se habló de socialismo, de principios no negociables, de redenciones, de economía, de justicia social, de dignidad e igualdad plena, del enfrentamiento decisivo al racismo y a todo lo que nos divide.

Se disertó sobre el compromiso con desterrar brechas de género y combatir la violencia contra las mujeres, de la defensa de derechos de la comunidad LGTBIQ, del Poder Popular, de lo que deben mejorar las organizaciones del sistema político y las instituciones gubernamentales, del control popular, de la crítica y la autocrítica, del rol de la izquierda cubana, y se habló de Patria y de Revolución.

Me interesó la línea discursiva de los oradores, me sentí identificado de principio a fin, no percibí teque, y a juzgar por los aplausos y el respaldo de los presentes creo que nadie notó en las palabras machaconería ni que fueran «más de lo mismo». La Tángana sí fue iconoclasta, cuestionadora, poco complaciente.

No hubo odio, hubo mucho amor. No se denigró a nadie por pensar diferente, por el contrario. Simplemente fuimos enfáticos al reafirmar nuestros principios, lo cual no significa rechazar al otro, sino ser transparentes y consecuentes con el pensar.

Fue lindo encontrarme caras conocidas, gente querida. Fue lindo ver a personas que estuvieron frente al Mincult, pero también estuvieron en la Tángana porque creen en el diálogo y entienden que este tiene que incluir todas las visiones y posturas.

En la Tángana igualmente se escuchó Ansias del Alba, de Santiago Feliú; y no fue por ser «recorteros», sino porque hay canciones que nos unen en la defensa de la «Patria sagrada», que nos identifican a todos. Y esa en particular fue una de las más hermosas que sonó en el parque.

Vi banderas cubanas, de la FEU, de la UJC, del 26 de Julio, pero a lo lejos divisé dos estandartes LGTBIQ y uno de los CDR. Sí se gritaron consignas, no porque seamos adoctrinados, sino porque cuando se tiene tanto amor en el pecho, se desborda el patriotismo, el sentirse cubanos. Asimismo alzamos las manos, coreamos y brincamos.

Cantar el Himno Nacional, luego de un ¡Viva Cuba, coño!, fue muestra de que en nosotros pervive ese sentimiento de identidad y el entendimiento de que la salvaguarda de la cultura y la creación artística deben continuar siendo transversal a nuestro proceso social.

Por eso no comprendo cómo algunos usuarios en redes sociales se avientan con odio y descalificaciones contra los que participamos en la Tángana. ¿Acaso no tenemos un legítimo derecho a expresarnos y a defender la Revolución del modo que consideramos?

Lo de este domingo no fue una confrontación, no fue una respuesta como se dice por ahí. Fue un tanganazo que demostró nuestra disposición a dialogar para construir un mejor país desde y con la Revolución; pero no dejando que algunos se empeñen en vulnerar la soberanía y estabilidad de nuestro terruño.

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