Apoyan universitarios labores constructivas en Ciudad de La Habana

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Miles de estudiantes del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría trabajan junto a fogueados constructores en distintas obras de la capital cubana

«Soy alérgica a muchas cosas y por eso en mi casa nunca me permitieron estar cerca del polvo ni de la pintura. Cuando llegué aquí, pensé que enseguida me pondría mal, pero nada, mi organismo lo ha asumido excelentemente».

Como Midilín Díaz, seguramente pensaron no pocos estudiantes de las diferentes carreras del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (CUJAE) que hoy trabajan en obras de la construcción distribuidas en Ciudad de La Habana.

Comenta Frank Medina que en una ocasión lo mandaron a tumbar una pared para construir una ventana y comenzó a hacerlo con un martillo eléctrico que estaba defectuoso. Finalmente tuvo que emplear una mandarria. «Nos demoramos un poco, pero lo hicimos. La inexperiencia es la que nos ha llevado a hacer esas cosas, aunque los constructores nos asesoran bastante».

Juventud y experiencia

La inteligencia y la fuerza joven de estos muchachos universitarios, unidas a los años de experiencia de los trabajadores de la construcción, han hecho notorio el avance en las obras.

Lo mismo tumban paredes, recogen escombros, cargan materiales, abren zanjas que pintan casas. Lo que ellos quieren es sentirse útiles ayudando a otros que necesiten de su esfuerzo.

Según Reynier Moll, secretario general del Comité UJC en la CUJAE, los estudiantes de Ingeniería Civil y los de Arquitectura trabajarán próximamente en la revisión de proyectos. «Siempre tratamos de no interferir en las clases de primer año, pues están adaptándose a la Universidad y recibiendo las asignaturas básicas».

De los 6 000 estudiantes del curso regular diurno que tiene la CUJAE, cerca de 4 000 laborarán este año en la construcción, organopónicos y ayudantías en la docencia. Algunos de Ingeniería Química tienen proyectos en los diferentes polos científicos. «Uno de los planes más grandes que tenemos, es una unidad de informática operativa, en coordinación con el MININT, donde los estudiantes se insertarán en la creación de software», apuntó Moll.

Crecimiento profesional

La participación en obras constructivas también forma parte de la preparación profesional y personal de los muchachos.

Para Armando Sánchez, reparar hospitales es una forma de ayudar al proceso revolucionario. Además, le da experiencia para el futuro porque «aquí uno aprende cosas de albañilería que me sirven para arreglar mi casa».

Sus cuerpos, fornidos algunos, menos fuertes otros, no están adaptados a este tipo de tarea. A Jesús González las manos se le pelan cuando lleva mucho rato recogiendo escombros, pero «unos pocos callitos no tienen nada de malo», afirma.

Jorge Aguilera había hecho algunos trabajos de albañilería con su papá y tenía noción de cómo se hacían las cosas, pero esto le ha servido para reforzar sus conocimientos. Todo lo que tiene que ver con «dar fino» lo aprendió por estos días en áreas del Hospital Militar Carlos J. Finlay.

Sin reparos

Todo parece ir bien con estos muchachos que trabajan sin reparos en la restauración de diferentes edificaciones de la ciudad. Adilso Sánchez es un albañil que se desempeña en la construcción de viviendas micromecanizadas de la ECOA 66, en Altahabana. Él reconoce la labor de estos jóvenes, pues representa un gran adelanto en la producción.

«¡Cómo trabajan! Quiero que se queden como mínimo un año, porque se portan bien y todo lo que les enseñamos, lo aprenden con mucha rapidez. De veras estamos asombrados del avance que ha tenido la obra desde que están aquí».

Tamara Corales es la encargada del almacén en ese mismo lugar y cree que, independientemente de que los muchachos no conozcan mucho de cemento y arena, se entregan y se mantienen ocupados. «Quizá las muchachas no puedan cargar tres palas de polvo de piedra, pero sí cargan una. Los varones son lo máximo; para mí parecen “montacargas”».

En la ejecución de Altahabana los varones se encargan de abrir zanjas a pico y pala y ayudan en la carpintenría y la albañilería. Las muchachas están apoyando la pintura y de vez en cuando también a los albañiles. «Es un trabajo muy útil, debido a que solo tenemos dos pintores y ellas han asumido eficientemente la pintura de los exteriores de las casas, al punto que hoy tenemos prácticamente pintadas las 48 viviendas», aseguró Osvaldo Marrero, jefe de la obra.

Estos jóvenes no se quejan. Creen que hacer el bien a otros es la mejor manera de vivir, porque así no habrán perdido el tiempo. «Estamos ayudando a otros que lo necesitan para vivir. Hemos pintado mucho y lo que nos ha dado es un poco de dolor en el brazo por la falta de ejercicios, pero ya está pasando. La primera semana sí llegaba “muerta” a la casa», comenta Midilín.

Mónica Vico tampoco había trabajado con el cemento ni tantas horas al sol, pero esta tarea le permite unirse más con el resto de sus compañeros. «Nos atienden muy bien. Nunca ha fallado la merienda ni el almuerzo. Los constructores que están apoyando la obra, son muy humildes y a nosotras nos engrandece ayudarlos».

Trabajar protegidos

Para Joel Acosta, jefe de obra del hospital Calixto García, a los estudiantes deben garantizárseles medios de protección indispensables, como guantes y caretas antipolvo, que en esta ocasión no alcanzaron. «Eso permitiría que rindieran más».

Este trabajo social de los jóvenes de la CUJAE les permite ayudar en la terminación de centros de extrema importancia para la sociedad. Ellos se sienten útiles restaurando la historia escondida tras cada pared que se derrumbó, tras cada muro que volvió a tomar vida, porque como refiere el joven Julio César Ayala «de esta forma ayudamos a otras personas en forma anónima. Los constructores a veces no se toman suficientemente en cuenta a pesar de que son entes claves para el desarrollo del país. Ahora mismo nosotros, como ellos, estamos reparando almas».

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