Los cubanos concluyeron en la Liga Can-Am sin despertar de la pesadilla

La selección caribeña que compitió en la Liga Can-Am se despidió de ese circuito profesional con 16 fracasos y solo 5 victorias

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La de este jueves fue la última noche de tantas pesadillas. Hubo, incluso, hasta una protesta del alto mando cubano que a algunos les recordó los estadios de nuestro país. La selección caribeña que compitió en la Liga Can-Am bajo las riendas de Roger Machado se despidió de ese circuito profesional como todo el mundo sabía (aunque nadie quería eso): con otra derrota. Fueron 16 fracasos y solo 5 victorias.

Sé que todo el mundo tiene su criterio sobre lo que pasó. Unos más racionales, otros emotivos. Unos juiciosos, otros disparatados. Pero qué bueno, prefiero la polémica al silencio. Como el periodismo contemporáneo no es exclusivo de los periodistas, cuando usted termine de leer este texto escriba su opinión abajo, hagamos un gran análisis colectivo.

No voy a ser extenso. Dejaré mis puntos de vista en forma capsular.

Primero, reitero lo que ya dije en un comentario la semana pasada, este torneo no era para ganar, sino para el desarrollo de atletas. Claro que nadie quiere perder, quizá por eso en la nómina había algunos jugadores que no hay que ser muy ducho en la materia para saber que no están en los planes del ciclo olímpico.

Les he preguntado vía Internet a varios de los jóvenes y todos me han ratificado que estos juegos les han sido muy útiles, que han chocado con un béisbol muy superior al que juegan en Cuba. Los lanzadores insulares, a los que les dieron sin piedad en toda la Liga, probablemente sean los que, a la larga, más provecho les saquen a esta andanada de fracasos.

Si hubiese sido yo el que hubiese conformado la nómina, hubiera hecho algunas permutas con el equipo que fue al torneo de Rotterdam, Holanda, y a la Can-Am y el tope con los universitarios de Estados Unidos hubiese llevado a más jóvenes, los que sí deben tener mayor protagonismo en el Cuba de los próximos años.

Me cuentan que las derrotas no deben ser atribuidas a la fatiga por tantas competencias seguidas, sino a la calidad del circuito Can-Am, ojalá algún se pueda televisar aquí.

Hay hombres como Yosvany Alarcón (el de mayor average: 433) que no hay dudas de su valor en la escuadra cubana. Otros, como Juan Carlos Torriente y Julio Pablo Martínez (fichado en las Águilas de Trois-Rivieres y a quien los japoneses están siguiendo), que debieron estar en la selección nacional en el Clásico Mundial; y talentosos jóvenes como Yoelkis Céspedes, Víctor Víctor Mesa, Norel González y Ariel Martínez que necesitan jugar más a este nivel y a otro superior, si fuera posible.

Un dato que no podemos obviar en 21 juegos, ninguno llegó a una decena de carreras empujadas y de los 224 hits solo 43 fueron extrabases, con 5 jonrones.

Entre los lanzadores están las principales deficiencias. Su (in)efectividad colectiva fue de 6.67 carreras limpias por juego, y solo Leomil González promedió por debajo de dos, al tolerar una anotación limpia en 10 innings (0.90). Después terminó Frank Luis Medina (2.54) y Yariel Rodríguez (3.13), los demás trabajaron par más de seis.

Sumaron 104 boletos y 138 ponches, una pésima proporción, cuando la media debe ser dos retirados por la vía de los strike por cada base por bolas.

Sin embargo, Ulfrido García, Yosver Zulueta, Leomil González, Frank Luis Medina, Yariel Rodríguez y los demás muchachos tienen condiciones. Algunos menos jóvenes han demostrado, otra vez, que el traje de las cuatro letras les queda un poco ancho.

Pero tantas deficiencias se resuelven, entre otras cosas, llamando a los tantos técnicos buenos que hay en Cuba. Es tiempo de pedirle ayuda a Pedro Pérez, el mejor entrenador de pitcheo de nuestro país en las últimas décadas; si en otros países es un «Dios», ¿por qué aquí no?.

Entre él, José Manuel Cortina y otro grupo de expertos muy calificados y con resultados pueden diseñar una estrategia integral, eficaz, que ayude a los jóvenes para que no sigan pichando como si estuvieran en los pitenes de barrio.

Tendrá que llegar el día en que no sigamos diciendo lo mismo: que no se puede lanzar alto, que hay que tirar pegado, que no se llega a ninguna parte con tan pocos pitcheos (pobre repertorio), que es imprescindible el contraste entre la recta y el cambio, que los envíos tienen que ser de calidad, que hay que pensar antes de tirar, etc., etc., etc….

Por último, me dicen que el arbitraje en la Liga Can-Am fue duro con los cubanos, me lo dicen peloteros, no directivos; pero eso, que conste, no fue la causa de tantos fracasos.

Es hora también de asumir sin cortapisas que no estamos en un buen momento de la pelota cubana. Dejemos las loas y concentrémonos en las críticas constructivas, en prever, corregir, transformar. En definir bien qué queremos y en diseñar los posibles (y mejores) caminos para llegar allí. Sin improvisaciones, ni tozudez.

Ahora, opine usted.

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