El bisabuelo de lobos y perros

La relación entre humanos y perros comenzó entre 27 000 y 40 000 años atrás, y no hace 16 000 años, como se pensaba hasta ahora

Autor:

Patricia Cáceres

Mucho se ha hablado sobre la amistad que existe entre perros y dueños. Se dice que los canes son buenos terapeutas, que fortalecen el sistema inmunológico y que pueden hasta olfatear el cáncer. Incluso, en esta misma sección de JR hemos explicado cómo son capaces de robarnos el corazón con su mirada, que reconocen nuestro estado de ánimo y que sienten celos si prestamos atención a otros perros.

Pero la ciencia se empeña en demostrar que aún estamos lejos de conocer todo acerca de estos amigos peludos.

El tema que hoy nos ocupa es precisamente el momento en que los lobos abandonaron sus instintos depredadores para coexistir con las personas, un intenso y contradictorio debate que desde hace años intriga a científicos y amantes de los animales.

La respuesta parece tenerla una investigación publicada en la revista Current Biology según la cual la relación entre humanos y perros comenzó entre 27 000 y 40 000 años atrás, y no hace 16 000 años, como se pensaba hasta ahora.

Secretos de una mandíbula

Los investigadores arribaron a esa conclusión a partir de un pequeño hueso de mandíbula encontrado en una expedición por la península de Taimyr, en Siberia. Cuando analizaron el genoma de la pieza, descubrieron que pertenecía a un ancestro común de lobos y perros, que vivió hace unos 35 000 años.

Los perros modernos están muy estrechamente ligados a la cadena genética de los antiguos lobos europeos. Foto: www.faunatura.com.

Curiosamente, los análisis genéticos mostraron que los Huskys siberianos actuales tienen mucho en común con este lobo ancestral de Taimyr.

«Los perros debieron ser domesticados mucho antes de lo que se creía», explicó Love Dalén, un científico del Museo de Historia Natural de Suecia que participó en el estudio.

La otra explicación —acotó— sería que hubiera ocurrido una separación entre dos poblaciones de lobos un poco después, y que una de ellas hubiera dado lugar a los lobos modernos. Cosa improbable, a su juicio, puesto que eso requeriría que la otra población se hubiera extinguido por completo.

Aunque sea cierto que los abuelos de lobos y perros vivieran hace tantos años, podría haber pasado mucho tiempo hasta que hubieran entrado en contacto con los humanos, dijo.

Pontus Skoglund, director del estudio y científico de la Escuela Médica de Harvard, comentó por su parte que es posible que las poblaciones de lobos permanecieran íntegras, sin tener contacto con humanos durante mucho tiempo.

«Este animal vivió unos pocos miles de años después de que los Neandertales desaparecieran de Europa y los humanos modernos comenzaran a poblar Europa y Asia», subrayó.

Todo comenzó en Europa

Grande ha sido la controversia al intentar ubicar geográficamente el nacimiento de los perros. Hasta ahora los principales candidatos eran China y Oriente Medio, siempre vinculados a los asentamientos de los primeros agricultores.

No obstante, un estudio publicado recientemente en la revista Science sugiere que el continente correcto es Europa, y que el perro se acercó a los cazadores recolectores mucho antes de que los humanos comenzaran a cultivar la tierra.

El trabajo, basado en el más completo estudio genético de numerosas especies de cánidos actuales y fósiles, insiste en que los cazadores recolectores que habitaron el Viejo Continente fueron los responsables de amaestrar a las especies de lobos salvajes.

«Hemos demostrado con evidencias genéticas que el centro de domesticación del perro fue, sin duda, Europa y que la población de lobos que dio origen a los perros modernos está probablemente extinta», explicó a la agencia SINC, Olaf Thalmann, autor principal de la investigación.

«Otros estudios anteriores localizaban esta domesticación en regiones como Eurasia, en Oriente próximo o Asia oriental. Sin embargo, estos nuevos datos indican que fue en el Viejo Continente», recalcó por su parte Jennifer Ann Leonard, investigadora de la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Pequeño hueso de mandíbula encontrado en una expedición por la península de Taimyr, en Siberia. Foto: ABC

Para comprobar el origen de los perros actuales, los científicos compararon las secuencias genéticas de muchas razas de cánidos contemporáneos con las extraídas de fósiles en Asia, Europa y otras regiones del mundo. Los resultados concluyeron que los perros modernos están muy estrechamente ligados a la cadena genética de los antiguos lobos europeos.

Según los expertos, en el origen de esta relación ambas especies se beneficiaron de una coexistencia inicial. Los lobos aprovecharon los restos de comida que dejaban los humanos en los lugares de caza o cerca de sus asentamientos. Los humanos se beneficiaron de la protección y defensa frente a otros depredadores que les ofrecían los lobos al merodear en las proximidades de sus poblados.

«La protección de otros depredadores puede haber desempeñado un papel importante en el inicio de la relación entre el perro y el hombre, aunque más tarde se produjeron actividades como el pastoreo y la caza, y cambios morfológicos como el color del pelaje y el tamaño de los animales», indica Thalmann.

Otros resultados de la investigación apuntan que una vez producido este acercamiento entre especies, los cazadores recolectores comenzaron a alimentar con plantas y restos de animales a los lobos salvajes. De esta forma se iniciaba la domesticación canina.

En tal sentido, otro estudio publicado en la revista Nature señala que una dieta rica en almidón fue fundamental para que las especies de lobos salvajes prosperaran junto a los hombres.

Los científicos identificaron 36 regiones que contienen los genes implicados en el desarrollo del cerebro y la asimilación del almidón que, según los científicos, estuvieron detrás de la selección evolutiva de los perros.

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