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Un panel solar en el espacio

La primera base solar espacial ha sido anunciada por China, pionera en el uso de energía renovable a gran escala

Autor:

Iris Oropesa Mecías

Se dice que en solo una hora el Sol irradia hacia la Tierra una cantidad de energía mayor a la que los habitantes de este planeta necesitarían en todo un año.

Además, se dice que apenas con un área del uno por ciento del Sahara destinada a un parque solar —aproximadamente unos 111 000 kilómetros cuadrados— se podría generar toda la energía que necesitamos los terrícolas en un calendario.

A pesar de saberlo, este tipo de energía renovable ha sido largamente subvalorada.

Debe ser ese contexto el que vuelve las intenciones de China tan atractivas, cuando ha anunciado que tendrá su más grande estación de energía solar, pero no en el Sahara, sino... en el espacio próximo.

Un humilde panelito espacial

Ya no habría que preocuparse por el mal tiempo, ni por un arrebato de nubes que cubran las ondas solares. La recolección in situ sería capaz de abastecer constantemente sin la incómoda pausa de la noche, según el proyecto de la Academia de Tecnología Espacial de China.

En la ciudad de Chongquing ya trabajan especialistas concentrados en el desarrollo de una base experimental a ubicar en la estratosfera, la avanzada del proyecto.

La segunda etapa ya sería el centro energético espacial de un megavatio de potencia.

Esta iniciativa resulta la primera realizada hasta el momento en la práctica, pues un proyecto similar fue anunciado en Estados Unidos hace décadas, pero nunca se llevó a término.

La base experimental comenzaría sus operaciones en la estratosfera en el año 2022, mientras que la propia central espacial debe consolidarse para 2030, aunque aún quedan algunos acertijos por resolver.

Uno de los problemas es que no se ha decidido sobre el modo de enviar la energía a la Tierra. Hasta ahora, colectar la energía solar necesaria es la parte sencilla, sobre todo para una potencia que ya posee el mayor parque solar del mundo. Pero a la hora de decidir cómo sería posible enviar a la Tierra esa energía se debate si la tecnología de microondas o láser puede ser el mejor camino.

Los chinos están en todas

Las aspiraciones chinas no son pocas, pues se pretende que la estación pueda, además de proveer para esa nación, abastecer vehículos espaciales.

El país asiático se ha asegurado de posicionarse como un pionero en el camino energético renovable, y en el de la ciencia en general, con un presupuesto anual de más de 8 000 millones de dólares.

En el caso de la energía solar, aunque se trata de inversiones a largo plazo, pues las estructuras de este tipo de sistemas son muy costosas, durante el año pasado la nación asiática instaló la potencia equivalente a diez centrales nucleares en energía solar.

La Agencia Internacional de la Energía afirmó, según señala el sitio español Xatara, que el 60 por ciento de los paneles solares de todo el mundo se construye en China. Y estimó que para 2040 la mitad de la producción energética del gigante asiático será con fuentes renovables.

Transición energética

Aunque los cubanos solemos endilgarle todo al ingenio de los de ojos rasgados y su espíritu inteligente, y otros creen que se trata de su interés por competir con el mundo, en realidad este proyecto es solo la muestra de un proceso mucho mayor hacia una cultura de energía sostenible.

Desde hace varios años —al menos el inicio de siglo— instancias internacionales como la ONU han generado movimientos y campañas de información para concientizar la necesidad de asumir nuevas formas de energía y, sobre todo, una responsabilidad de consumo acorde con las problemáticas actuales del planeta.

Solamente los sistemas alimentarios, según datos de 2016, consumen alrededor del 30 por ciento de la energía disponible en todo el mundo, y generan más del 20 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Si a ello añadimos que más de un tercio de los alimentos producidos se desechan, y que el 85 por ciento de la energía primaria se basa en combustibles fósiles, es fácil entender que nos toca despertar.

Casi una de cada cinco personas en todo el mundo, según datos del mismo año, no acceden a servicios energéticos modernos, y aproximadamente 3 000 millones dependen de la biomasa tradicional para sus necesidades vitales.

Hay que sumar a la ecuación el crecimiento poblacional que genera que cada vez más personas tengan necesidad de alimentos y servicios a partir de recursos ya agotados,  una urbanización feroz para nuestro ritmo natural de adaptación, el cambio climático y la pérdida de ecosistemas que nos empujan a un punto natural de no retorno. Es imprescindible una postura comprometida.

Sin embargo, muchas naciones optan por planes cortoplacistas, en que una fuente de combustible no renovable se sustituye por otra del mismo tipo, o simplemente se importa desde otros sitios.

Las organizaciones y comunidades con vista más larga, como China, han entendido el verdadero cambio. La transición energética, la revolución energética, y el cambio hacia una cultura de fuentes sostenibles son conceptos que se vienen poniendo más de moda.

Descarbonizar la economía

Fuentes como la energía eólica, la oceánica, la biomasa y la energía solar tendrían que desplazar al carbón, el petróleo, el gas natural e, incluso, la fuente nuclear del uranio. Esa es la meta.

Lo curioso es que en ese trayecto hacia la sostenibilidad, la energía solar ha sido durante años una opción poco recurrida. Y más curioso aún es que sea menospreciada cuando los números de sus ventajas son tan impresionantes. Los terrícolas podríamos estar desperdiciando un tesoro escondido en nuestro propio patio.

Para producir energía solar se necesitan, sobre todo, espacio y zonas con fuerte incidencia del Sol. Pero el secreto de la resistencia a construir parques solares está en los enormes costos que conlleva invertir en ese campo.

Mientras crear las gigantescas estructuras implica millones invertidos de una vez, la recuperación de las ganancias demora años. Es un camino de largo plazo, y a los humanos, sobre todo a los negociantes, no les gusta mucho esperar.

De todos modos, no nos quedemos pesimistas. Según datos de la Agencia internacional de Energías Renovables, el crecimiento de las fuentes de energía solar fue mayor que el resto de las de su tipo en el lapso de 2000 a 2016.

Además, Europa y Asia habían multiplicado por 75 su capacidad acumulada de energía solar en diez años, y aunque el carbón y el gas natural seguía estando en las primeras opciones de consumo, la fuente sostenible que más crecía en popularidad era la solar, con gigantes empresariales, como Google, apostando a ella, y un crecimiento de la inversión hacia los parques solares de al menos un 900 por ciento en un    quinquenio.

A nosotros, los que no podemos hacer las enormes inversiones en parques ni bases espaciales, sí nos queda consumir y vivir del modo más ecológico posible.

Los costos de la construcción de un panel solar comienzan a descender, una esperanza para aprovechar esas fuentes renovables. Gráfico: Tomado de PVinsights

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