Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Entre dos mundos viaja la historieta cubana

Autor:

Sahai Couso Díaz*

No es descabellado afirmar que la historieta cubana goza de una fuerte tradición cultural. Este soporte expresivo, que muchos etiquetan como noveno arte, aunque se ha enfrentado a todo tipo de vicisitudes, ha dejado un legado imprescindible en el discurso de nuestra cultura. Resaltan los nombres de excelentes dibujantes como Ricardo de la Torriente o Eduardo Abela antes del triunfo revolucionario, junto a un gran movimiento de historietistas en estos últimos 50 años, con figuras de la altura de Juan Padrón.

La vida de la historieta cubana, en las últimas décadas, está ligada a los esfuerzos de la Editorial Pablo de la Torriente Brau por brindarle espacios de publicación especialmente a talentos jóvenes. La editorial, bajo el rótulo del grupo Nuevos Trazos, ha publicado en esta ocasión la historieta Entre dos mundos, de Yury Díaz Caballero.

En una dimensión perdida en el tiempo, un prisionero escapa y misteriosamente se produce un salto temporal que lo lleva al siglo XIX cubano, específicamente a la Guerra de 1895. El personaje protagónico, de nombre Ody, es alto y musculoso, extrañamente bigotudo, y encuentra su antagonista en el malvado emperador Ramsés, gobernador del imperio Zaumetzen. El héroe, que conserva una apariencia antropomórfica en oposición al diseño «biónico» del tirano, está destinado a guiar a su pueblo por el único camino que lleva a la libertad. ¿Tal vez un argumento demasiado explorado y de tradición maniquea, incluso para los más pequeños?

El brusco cambio de escenario —de Zaumetzen al planeta Tierra— nos lleva a ese vasto universo que son las guerras de independencia para la cultura cubana. Un manejo oportuno de los colores cálidos, asociados a símbolos como el bohío o la palma real, acompañan la figura del Generalísimo o la insigne carga al machete. Ody, el héroe extraterrestre, es diferenciado por curiosos tintes violetas en el pelo y una altura inusual que se hace resaltar especialmente en algunas viñetas.

Apoyándose en la paleta de colores se caracterizan los espacios de la campiña cubana decimonónica frente a una dimensión desconocida. Ante los colores cálidos de la primera, los tonos ocres definen este mundo paralelo junto a cierta indeterminación de los espacios, que tributan a la sensación de futuridad o irrealidad. Sin embargo, esta ilusión es rota por la nomenclatura utilizada; por ejemplo, por el nombre del emperador y las alusiones a la mitología grecolatina, pues desfilan por la historieta centauros, un cíclope y un oráculo, aunque pasados por el filtro de la ciencia ficción.

Las tramas paralelas le hubieran brindado mayor riqueza a la historia, pero se pierden en una composición dispersa, que perjudica la interpretación de los llamados «espacios cerrados» entre cada viñeta. La calidad de la impresión, superior a lo acostumbrado en este tipo de publicación, favorece los valores de una historia que se apoya fundamentalmente en los gráficos.

Como hijos de la denominada «era digital», los lectores modelos de esta historia, esencialmente en el período de una primera adolescencia, consideran la ciencia ficción, la robótica y los mundos paralelos como tópicos seductores. La tradición historietista cubana, desde Yakro, Matías Pérez o Pucho, han mezclado elementos fantásticos con sucesos históricos deleitando a sus lectores. El resultado de muchas de estas historietas es la mezcla de divertimento con didactismo, y la actualización de las mismas para un público que convive con productos como Yugi-Oh! y los Teen Titans es imperativa. Entre dos mundos es un válido acercamiento, aunque no del todo logrado pero, eso sí, un buen inicio y una interesante oferta de entretenimiento.

*Estudiante de la Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana

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