Doscientos años en la memoria

La novela Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde es la visión de la Cuba de 1830 hasta el 40 y es considerada por la crítica de todos los tiempos como la gran obra de ficción del siglo XIX cubano

Autor:

Marilyn Bobes

Quizá sea Cecilia Valdés o La Loma del Ángel, la novela más editada en Cuba desde que su autor, el pinareño Cirilo Villaverde, la finalizara en 1882.

Y es que Villaverde, de quien acabamos de conmemorar el bicentenario, creó para la literatura cubana algunos de los personajes más vívidos y prototípicos de la vida nacional, en un texto capaz de conjugar realidad, costumbres y romanticismo.

De esta manera se adelantaba a sus contemporáneos y aprovechaba algunas corrientes en boga de la literatura universal, al mismo tiempo que se aproximaba, como ningún escritor de su tiempo, a las esencias de nuestra idiosincrasia.

Nacido en un ingenio, el más reconocido novelista del siglo XIX cubano, conoció desde muy joven el oprobioso sistema de la esclavitud y, en su posterior estancia en La Habana acumuló experiencias de ese incipiente mundo urbano donde las más diversas clases sociales convivían bajo la férrea tiranía de Vives, un capitán general que intentaba acallar el espíritu independentista de los cubanos alentando el vicio y con el uso del grillete y la mordaza.

Cecilia Valdés es la visión de la Cuba de 1830 hasta el 40 y es considerada por la crítica de todos los tiempos como la gran obra de ficción del siglo XIX cubano.

Resalta en ella la aguda percepción tanto del espacio público como privado y el reflejo de la vida urbana y rural. Todo ello aderezado por las magistrales caracterizaciones de todos sus personajes, especialmente los femeninos.

Aunque Villaverde escribió muchísimas ficciones, convirtiéndose en uno de los pioneros del género novelístico en nuestro país, es con Cecilia… que logra su absoluta consagración, incluso dentro de la literatura latinoamericana, aun cuando en opinión de algunos especialistas su obra no ha conseguido aún todo el alcance universal que merece.

Encarcelado en 1848 por su actividad política en contra del Gobierno español, Villaverde fue condenado a muerte y consiguió escapar a Estados Unidos, donde vivió la mayor parte de su vida con breves visitas a Cuba, gracias a una amnistía.

Fue en Norteamérica donde se casó con Emilia Casanova, una mujer patriota e instruida cuyo papel en la vida de Cirilo Villaverde no ha sido suficientemente estudiado, pero que parece haber sido definitorio tanto en su vida literaria como política.

Permanecer en la memoria de los lectores durante casi dos siglos solo puede ser consecuencia de un talento que sobrepasa cualquier descuido formal para instalarse en el alma de una nación que reconoce en él a un exegeta natural.

Porque penetrar en las esencias de una época y de una identidad es tan importante como conseguir ese estilo depurado que muchos, de corta vista, le exigen a pesar de haber sido, sin lugar a dudas, el creador del costumbrismo en nuestra literatura y en la de la lengua española, un mérito que no resulta nada despreciable, mucho más si tomamos en cuenta que, aún en nuestros días, se sigue cultivando en nuestra prosa.

La Editorial Boloña, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, prepara una edición crítica de su Cecilia Valdés, mientras Letras Cubanas acaba de reeditar el original de esta novela. En ellas el lector podrá identificar los escenarios habaneros de la obra y apreciar cuánto conservan de su diseño original y cuántas transformaciones han sufrido desde entonces.

Lo que nunca cambiará es el lugar que ocupa este monumento literario en la historia de nuestra literatura. Y es por ello que Cirilo Villaverde permanece y permanecerá vivo para siempre en nuestra memoria.

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