Los cuentos de Grillo

Los minicuentos que hoy presentamos a los lectores son una muestra del quehacer del joven escritor cubano Rafael Grillo

Autor:

Rafael Grillo

Los minicuentos que hoy presentamos a los lectores son una muestra del quehacer del joven escritor cubano Rafael Grillo.

Rafael Grillo (La Habana, 1970). Escritor, periodista, editor y promotor cultural. Es jefe de redacción de la revista El Caimán Barbudo y fundador de Isliada, sitio web de literatura cubana contemporánea. Obtuvo el Premio Luis Rogelio Nogueras 2009  y el Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2008. Su más reciente título es El martillo y la hoz y otros cuentos, del 2015.

El caso «facebook-borges»

«Se busca asesino para Borges», escribió en el chat de Facebook alguien tapado bajo el alias Pierre Menard: «Y eso es una metáfora?», preguntó Pascal Fierro. «Nunca lo alcanzará la flecha. Borges es inmortal», tecleó el seudónimo Cartaphilus. Y Supernietzsche lo contradijo: «Borges ha muerto. Pero el asesino eternamente retorna al lugar del crimen» «Cuánto pagarás por cargarse al ciego cabrón?», indagó un tal Señor Villari y Pierre Menard le respondió: «Pago con el Zahir, la moneda que es repertorio de futuros posibles». «Así se llama mi gato. ¡Que nadie se atreva!», alertó la nombrada Ulrica. «Cuidado! Haría todo por vengar a Borges», amenazó el avatar Emma Zunz. Pero un enigmático Hombre de la Esquina Rosada no se amilanó: «Encuéntrame en la Biblioteca. Porta tú la riqueza, que yo arrostraré mi puñal».

Es 14 de junio, y transcurrido el sol de mediodía, en las laberínticas callejuelas del barrio La Timba, apareció finado uno que nació en La Habana, llamándose, casualmente, como el Otro. El Argentino, el Escritor. Jorge Francisco Luis Borges Acevedo.

Sherlock Holmes y El caso de una muerte anunciada

El lunes que mataron a Santiago Nasar, estaba Sherlock Holmes haciendo turismo en Colombia. A petición de las autoridades, y despabilado como siempre que un enigma se le cruzaba delante, el londinense descendió del buque del Obispo. Aunque ya sabía todo Macondo que al árabe lo destazaron entre Pedro y Pablo, los hermanos Vicario; condescendió el pueblo a honrar la fama del extranjero, apoyándolo en su pesquisa. El detective examinó primero la escena del crimen. A continuación interrogó al personal de servicio en el hogar de la víctima y luego a su familia. Detrás indagó con los amigos y los testigos de la plaza. Se hizo acompañar del juez instructor venido desde Riohacha en un almuerzo de trabajo. También sondeó a algunos de entre la multitud que acompañó la boda y el festín. El miércoles, a la hora convenida para exhibir el resultado, llegó al Ayuntamiento repleto de curiosos el Dr. Watson solitario. Y este fue el discurso pronunciado por el ayudante: «Sherlock guarda cama, afectado por fiebres del trópico, y me ha pedido que les ofrezca a ustedes sus disculpas y transmita, literalmente, sus conclusiones. Mr. Holmes me dijo: ¡Elemental, Watson! La única deducción lógica es que a Santiago Nasar no pudieron haberlo matado».

La página perdida de los viajes de Gulliver

Los nativos creen hoy que el nombre del islote proviene de seis palmas gemelas y agrupadas en cruz, cual marca sobre mapa del tesoro, antaño erguidas en el sitio rebautizado como Laguna del Negro. Ellos ya no dan crédito a la vieja canción, aunque narre de los inicios una fábula verosímil. Si en algo debe distorsionar la verdad el cántico arrastrado del ayer, es en el número de náufragos, que no pudo ser de solo seis, sino que seis balsas hinchadas de gente encallaron en la arena virgen. Del todo sí luce posible la proporción de dos por una entre hombres y hembras; y que ello provocase la mentada Batalla del Leño, cuando el parto de los primeros naturales. Esa furia legendaria cortó la cifra de machos a la mitad y equilibró el instinto de los habitantes. Después no quedó motivo para marcar con traumas de paternidad a las siguientes generaciones. Encima, el día de los enterramientos prístinos vio el pueblo salir a chorros el néctar prieto de los suelos y fijó la fecha como Fiesta Nacional. Cien años de lujo inhumaron el pasado aciago y ahora Seis Palmas no guarda memoria del origen; apenas reminiscencias vagas sobre una isla próxima, borrada por una mar de leva o la peste de la miseria eterna. Angostado y ciego, el sobreviviente de los pioneros aún entona las estrofas del añejo «Son de Nueva Patria». Pero se aferra, senil, a que proceden de las Estrellas y no a que reflotaron desde lengua de tierra alguna.

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