Poesía de José Jacinto Milanés

Autor:

Juventud Rebelde

José Jacinto Milanés (Matanzas 1814-1863). Poeta, dramaturgo y ensayista, está considerado uno de los principales cultivadores del drama romántico en lengua española. Casi toda su creación se desarrolla entre 1835 y 1843. Con motivo de su bicentenario ofrecemos a los lectores de El Tintero una muestra de su poesía enmarcada dentro de la corriente romántica cubana.

El indio enamorado

¿Piensas en mi rival, Aloide mía?

Antes escucha. Entre la calma etérea

ya con ala temblante en danza aérea

gustó el colibrí el pétalo de un día.

¿No es hora ya de amor? La ancha bahía

con su móvil cendal de tinte acérea

brinda a nuestra gimnástica funérea

la orla blanda y fugaz de su onda fría.

Antes que con él nade en giro ardiente

ni el primer emplumar del tocororo

en el areito adornará mi frente.

Ni garza cazaré, ni alción canoro:

ni adoraré tras el palmar durmiente

la amiga luz de tus chagualas de oro.

El mar

¡Oh, qué bello es el mar cuando en oriente

su mansa ondulación el sol platea!...

El delicioso azul que lo hermosea

no se puede pintar, solo se siente.

¿Y qué diré, cuando el planeta ardiente,

tendido en el ocaso, centellea?

Parece que suspira y clamorea

porque el astro gentil no se le ausente.

Y si después al descender la luna

lo vemos ¿quién traducirá el acento

con que nos habla el mar?...No hay voz alguna.

¿Quién pintará el augusto movimiento

con que agita las olas una a una

del manto deslumbrante y opulento?

El nido vacío

¡Ay! Los mis lindos amores

idos son que yo los vi

quedóseme el nido aquí.

Con alma casta y gozosa

cuidaba yo de mis cariños

como cuida de sus niños

la bella y cándida esposa.

Mas ¡ay! mi ternura hermosa

convirtióseme en dolores

¡Ay! Los mis lindos amores

idos son que yo los vi:

quedóseme el nido aquí.

No sé yo qué cazador

vibrando un dardo cruel

hirió el mismo nido y dél

hizo fugar tanto amor.

Pero ignorarlo es mejor

para omitir sinsabores

¡Ay! Los mis lindos amores

idos son, que yo los vi:

quedóseme el nido aquí.

Desierto el nido ha quedado,

y en él espero, a fe mía

que resucite otro día

amor más afortunado.

Mientras, diré lastimado

a mis antiguos dolores:

¡Ay! Los mis lindos amores

idos son que yo los vi:

quedóseme el nido aquí

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