Leer, ¿es hallar y encontrar?

Autor:

Imeldo Álvarez García

La lectura —explica la doctora Beatriz Maggi— es una brújula para encontrar y hallar, que no es lo mismo, pero tanto dar con algo que no se esperaba o algo que salió al paso, es guiarse por los vestigios.

Cuando leí esta frase —que me salió al paso— intentando entrar en la zona del strike de las tragedias de William Shakespeare, sentí —en lo profundo de la memoria— el vertiginoso desplazamiento de un resorte que me iluminaba años de tenaz autoformación.

Desde siempre quise apoderarme de las intenciones de los libros que leía, pero solo preguntándome: ¿cómo hacer un texto que de veras lo sienta y ame el que lo lea? Pero la literatura no es solo asomarse al corazón de los lectores, sino también al sentido, intención y concepción de la época que los autores reflejan en sus obras.

En Invitación a la lectura, Camila Henríquez Ureña dice que el que no haya formado temprano el hábito de leer quizá no pueda sentir desde el principio la llama del entusiasmo, pero lo importante es ponerse en contacto con nuevas obras notables, leer los grandes libros clásicos, que por serlo, son de todas las épocas y que deben leerse temprano y luego releerse con frecuencia, porque siempre parecen nuevos. Y también subraya que la literatura es, además de expresión, comunicación de experiencia.

Los más atentos estudiosos de El Quijote consideran que las sucesivas ediciones de esta novela contribuyeron a la afirmación y desarrollo de la lengua castellana. Asimismo numerosos críticos de las obras de Shakespeare —tragedias o comedias— explican que fueron las buenas ediciones que se hicieron de ellas después de muerto este genio, las que conformaron la forma literaria que actualmente estudiamos.

Sobre leer y la lectura, José Martí expresa en varios textos: «Lee todo lo bueno y atiende a los que los tiempos mandan; leer es saber; un indio que sabe leer puede ser Benito Juárez; leer es trabajar; es una manera de crecer; las obras magnas de las letras han sido siempre expresión de épocas magnas».

Una plasmación literaria penetrante y convincente anuda, en la visión de lo que recuerda y se hace, tanto las cosas de la realidad como la realidad de las cosas. Las cosas hablan, tienen lengua. Las células grises del cerebro, quiera o no la psicología, te remueven a la velocidad de tus ideas y de las ideas dominantes de tu tiempo.

Eduardo Galeano en El libro de los abrazos se refiere a la palabra sentipensante inventada por pescadores colombianos, y pregunta: ¿para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos?

Leer, la lectura es, sin duda, hallar y encontrar caminos en el viaje hacia el bien y la justicia.

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