Arde lo que tiene que arder

Autor:

Alberto Marrero

Escritos al revés, de Soleida Ríos (Santiago de Cuba, 1950), poemario publicado bajo el sello editorial Letras Cubanas, obtuvo el Premio Nacional de la Crítica de 2009, un reconocimiento oportuno para una obra que es el fruto de la voluntad de muchos años, de la constancia y entrega de su autora a la creación poética sin otra aspiración que no sean las visiones que enciende, los pasajes que intenta develar, las certezas e incertidumbres que la asedian como a todos, como a esos seres que describe y pone a volar desde su círculo, desde su entorno más inmediato.

Ya a partir del mismo título del libro, Soleida anuncia que nada de lo que leeremos a continuación está escrito con los códigos de la rutina, de esa lógica cotidiana que a veces o casi siempre nos asfixia, que no va en la dirección esperada, que no se ajusta a lo esperado, a lo trillado, al camino conocido. Puede causar estupor en alguien no avisado, incluso puede producir cierto desconcierto en ese supuesto lector que aún no ha afinado sus armas y permanece bajo una sombra inmóvil, a la caza de textos digamos cómodos, que no signifiquen grandes esfuerzos del intelecto. Este no es el caso. Escritos al revés exige devoción. Una devoción paciente para disfrutar del lenguaje y meditar. Sin caer en hermetismos gratuitos ni en palabrería insulsa, Soleida rompe la frontera de los llamados géneros literarios y nos propone una mirada purificada, con ojos entrecerrados que concentren toda la luz en el objeto que deseamos penetrar.

En el poema inaugural de este cuaderno, la poeta devela algunas de sus claves. Solo algunas, porque a medida en que nos adentramos en su lectura descubrimos otras que nacen desde el extrañamiento o la caída (la propia, la del amigo, la de tantos), desde una habitación en la que se amanece sin rumbo y con dolor, una reunión de colegas cuyos nombres menciona abiertamente, una oficina sin mar, el examen de una foto que rompe su fijeza y retorna al trajín de la existencia, una ciudad, un pueblo recordado tras la oscilación de lo vivido. Imágenes entretejiendo un universo que llega a ser familiar, que se respira como un aire íntimo y a la vez compartido. Pero son, ante todo, el registro de una energía, declara la autora. Poemas escritos con la mano izquierda, al revés... como las brujas, indica Soleida con gracia redentora. Libro portador de una carencia... sublimación de la rabia, enfatiza más adelante como si descargara vigor acumulado, el peso de lo elegido.

Con un lenguaje ora punzante y descarnado, ora de una fineza conmovedora, con versos irregulares y otros con la complicidad de la prosa, con imágenes sugestivas y a veces tan dolorosas como agujas en la cabeza, sin temerle a ningún asunto por terrible que sea, con las raíces de la nación como escudo o festividad, Soleida Ríos nos entrega un libro colmado de significados, que barre falacias y cánones aparentemente bendecidos.

No solo lo que dice es extraordinario, sino cómo lo dice. Parece no respetar fórmulas, ninguna fórmula. Poesía de referencias y asociaciones imprevistas, relatos, ensayos o algo semejante a fragmentos de diarios, se unen en este libro que abraza, no se me ocurre una palabra mejor que abrazar para transmitir lo que se siente o lo que se intuye al leer estás páginas. De ahí que este sea un libro inusitado por dondequiera que se le mire, una manera muy personal de iluminar lo sombreado, de escarbar en lo cercano y en lo lejano. Más que una búsqueda, como suele ser cierta poesía, esta nos anuncia que ya encontró cómo y dónde cruzar el puente que la une al signo perdurable, a la trascendencia.

Arde lo que tiene que arder/ Arde y se apaga, dice Soleida en el poema Arcano con una parquedad que estremece, un aliento que sacude y nos alerta de lo asombrosa y fugaz que es la vida, como esos círculos concéntricos que se alejan cuando cae una piedra en el agua.

Me atrevo al vaticinio de que este libro tendrá lectores hoy y mañana. Quizá mañana muchos más que hoy, si logramos salvarnos del caos y del crimen prolongado de la belleza. Si eso es posible, este libro continuará siendo un goce del espíritu, un bálsamo contra cualquier sequedad o mal recuerdo.

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