La Colonia contada por sus casas

Rescatan arqueólogos fragmentos de materiales utilitarios y objetos ornamentales, pinturas murales, techos, puertas y ventanas de tres casas coloniales sometidas a un riguroso proceso de restauración

Autor:

Patricia Cáceres

Arqueólogos de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana rescataron fragmentos de materiales utilitarios y objetos ornamentales, así como pinturas murales, techos, puertas y ventanas de tres casas coloniales que desde hace años se someten a un riguroso proceso de restauración.

Parte de un «anafe» (especie de hornilla de barro), pedazos de recipientes de porcelana, anillos de vidrio, cuentas de collares, pipas rotas, incluso pequeños trozos de vajilla redondeados (usados por los esclavos como fichas de juego) forman parte del arsenal de piezas descubiertas por el Gabinete de Arqueología en las viviendas ubicadas en Tacón 4 y 8, entre O’Reilly y Empedrado, y fundamentalmente en Amargura 65, entre Mercader y San Ignacio.

Las dos primeras moradas pertenecieron a Calvo de la Puerta, marqués de la Obrapía, mientras que la tercera fue propiedad de familiares de Francisco de Arango y Parreño.

Los arqueólogos recuperaron los objetos de colectores de basura, también conocidos como letrinas, que eran huecos con cubierta construidos en el suelo de los traspatios de las casas de la época, con el fin de depositar desperdicios de naturaleza diversa.

«Allí botaban toda la basura, lo mismo alimentos que objetos rotos. Incluso, tenían agujeros en los que la gente se sentaba como una taza de baño actual. Claro, los dueños de la vivienda, o los que la administraban, no bajaban hasta ese lugar. Generalmente hacían sus necesidades fisiológicas en una vasija en la habitación, y luego los esclavos la llevaban hasta la letrina en la planta baja. Cada cierto tiempo los depósitos se vaciaban para su reutilización, y los malos olores, provenientes de la descomposición, se atenuaban con cal», explicó Adrián Labrada Milán, especialista en Arqueología.

Otro valor histórico y arquitectónico de estos inmuebles coloniales lo constituye la revelación de varios pozos o «aljibes», que se utilizaban para colectar agua de lluvia, mediante canales ubicados en muros de la vivienda.

A ello se suma la recuperación de varias pinturas murales en muy buen estado, así como puertas, ventanas y techos de madera intactos, sobre todo en la casa ubicada en Tacón 4.

Según los arqueólogos, para la localización de los colectores de basura y aljibes, sepultados bajo varias capas de suelo, fue trascendental la aplicación de una metodología de excavación extensiva por estatigrafía natural, que consiste en hurgar la habitación en su totalidad, retirando cuidadosamente las capas naturales de losas, tierra, rocas… según fueron depositándose con los años.

«Antes se excavaba por cuadrículas de un metro cuadrado, y podías saber lo que había en ese espacio que buscabas, pero desconocías todo lo que podía estar enterrado en los alrededores, apenas a un centímetro de distancia. Es por eso que preferimos excavar extensivamente por toda la habitación», aseguró el arqueólogo Alejandro Nolasco Serna.

«También se ha usado mucho la estatigrafía arbitraria, la que crea el arqueólogo al profundizar en el terreno de forma preconcebida y uniforme. Pero la estatigrafía no es plana, ni recta. Eso de recto o plano indica una acción humana. Nosotros en nuestro gabinete preferimos la estatigrafía natural, es decir, quitamos las capas que se depositaron en el terreno, respetando sus accidentes», especificó.

La labor implementada por estos especialistas en las casas Amargura 65 y Tacón 4 y 8, también destaca por la aplicación de un método de trabajo novedoso, aprendido de los italianos, denominado Arqueología de la Arquitectura, que consiste en emplear las mismas técnicas de excavaciones del suelo en las paredes de las viviendas.

Ello ha permitido analizar la evolución estructural de estos inmuebles, derivada de la reutilización constante de los mismos espacios. En otras palabras, se han identificado, por ejemplo, puertas y ventanas tapiadas por antiguos propietarios, que ahora pueden ser rescatadas por los restauradores para darle a las viviendas su apariencia original.

Una vez concluidas las labores de reparación, Amargura 65 probablemente será utilizada como dependencia de la Oficina del Historiador, mientras que Tacón 4 y 8 servirán para ampliar el Museo de la Arqueología. Este último desplegará 22 salas especializadas en temas como el vidrio, las pipas y la Muralla de La Habana. También será expuesto un piso del siglo XIX, rescatado en una de estas viviendas.

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