Añoranza por la bicicleta

Practicar ciclismo regularmente puede ahorrarnos visitas al médico, medicamentos y tratamientos muy costosos, asegura una investigación llevada a cabo en Alemania. En Cuba este ejercicio debería retomarse, en la medida en que la economía lo permita, agregando nuevas bases a aquel extraordinario proyecto de los años 90

Autor:

Octavio Lavastida

«La bicicleta no es solo una herramienta de transporte, sino un medio de emancipación… Libera el espíritu y el cuerpo de las inquietudes morales, de las enfermedades físicas de la existencia moderna, de la ostentación, de la convención, de la hipocresía —donde la apariencia lo es todo; donde parecemos, pero no somos nada».

Aunque este párrafo fue escrito hace un siglo, por el periodista y ciclista francés Paul de Vivie, a quien llamaban Velocio, mantiene total vigencia, pues la bici resulta cada vez más necesaria y continúa siendo la máquina de transporte más eficiente creada por el hombre, el vehículo más barato y el que mejor podría contribuir a la reducción de la contaminación atmosférica.

Todavía hay burócratas que lo niegan, pero se ha demostrado en muchas partes del mundo, incluyendo capitales muy congestionadas, que es cómoda, rápida y perfecta para desplazamientos urbanos… Sin embargo, sus mayores ventajas para las personas, y también para las naciones, están relacionadas con la salud.

Uno de los más sobresalientes estudios sobre este medio de transporte lo desarrolló el Centro de Salud de la Universidad Alemana del Deporte (DSHS), de la ciudad de Colonia, titulado Salud y bicicleta, y se refiere detalladamente a los efectos positivos de pedalear para las articulaciones, la espalda y el sistema circulatorio e inmunológico… O sea, que viajar sobre esas dos ruedas fortalece el cuerpo y el alma.

«Quien monta en bicicleta regularmente se ahorra visitas al médico, medicamentos e incluso tratamientos muy costosos. Aunque se haga ejercicios regularmente hasta una edad avanzada, los resultados son palpables. Las personas que sufren las típicas molestias de dolor de espalda, sobrepeso y enfermedades cardiovasculares, podrían gozar de muchos años de buena salud si se decidieran a usar más la bicicleta», expresó el profesor Ingo Froböse, presidente del Centro de Salud de la DSHS y coordinador principal del estudio.

Viajar en bicicleta reduce el riesgo de infarto en más de un 50 por ciento, explica el informe. «El ritmo cardíaco aumenta y la presión baja: el corazón trabaja economizando. Se reduce el colesterol negativo, responsable de la calcificación de los vasos sanguíneos; mientras aumenta la cantidad de colesterol positivo, que tiene a su cargo la protección de estos vasos, los cuales incrementan su flexibilidad, la sedimentación de la placa aparece con menos frecuencia y disminuye el riesgo de calcificación de las arterias… El uso de la bicicleta ayuda a prevenir los fallos cardíacos.

«Esta práctica es muy ventajosa para las articulaciones de las rodillas, ya que el 70 u 80 por ciento del peso del cuerpo es amortiguado por el sillín», explica el profesor Froböse, y agrega que los movimientos cíclicos que se realizan al pedalear garantizan una situación de sustento óptima para los cartílagos. Si las articulaciones soportan poca presión, la energía y las sustancias nutritivas pueden ser difundidas con mayor facilidad por los cartílagos.

«Quienes protegen sus articulaciones montando en bicicleta regularmente previenen el riesgo de enfermar de artrosis y también se aseguran de que andar y correr no suponga un problema con el paso del tiempo».

Contra cáncer y sida

En el cuerpo de los ciclistas se desprenden compuestos químicos que mejoran su estado de ánimo y propician una situación de bienestar. Por eso practicar el ciclismo regularmente repercute de manera positiva en el sistema inmunológico y disminuye los índices de obesidad.

Los fagocitos o células devoradoras de bacterias, son movilizados mediante el pedaleo para aniquilar estos microorganismos, así como las células cancerígenas. Por eso la bicicleta es empleada como terapia para enfermos de cáncer y sida. También puede sacar provecho de ese sencillo medio de locomoción quien quiere, por prevención, fortalecer su cuerpo contra enfermedades infecciosas, explica el informe.

«Solo diez minutos de pedaleo repercuten en la musculatura, el riego sanguíneo y las articulaciones. A partir de los 30 minutos aparecen influencias positivas en las funciones del corazón, y transcurridos 50 minutos es estimulado el metabolismo graso… Los ciclistas habituales pueden intensificar notablemente esos resultados si practican este deporte con constancia durante su tiempo libre».

Por ejemplo, las mujeres de entre 45 y 60 años pueden aumentar tres veces los beneficios a su sistema inmunológico si en lugar de 20 minutos montan en bicicleta una hora al día; y este es un motivo suficiente para facilitarnos la decisión de desempolvar nuestra antigua bicicleta, recomienda la investigación de la DSHS.

Más beneficios

El Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) de Barcelona, España, constató que los beneficios de desplazarse en bicicleta dentro de la ciudad son mucho mayores que los riesgos por la contaminación del aire y los accidentes de tráfico. La mortalidad anual disminuyó en un 24 por ciento y también se redujeron las emisiones de CO2 en más de 9 000 toneladas durante el mismo período.

Los resultados, publicados en la revista British Medical Journal, se basan en un estudio de impacto en la salud del Bicing, el sistema de bicicletas públicas (BPU) de Barcelona, que a seis años de creado cuenta con más de 6 000 unidades, 420 estaciones y 120 000 abonados. En 2009 el 11 por ciento de la población de Barcelona estaba suscrito al BPU.

Estos servicios son cada vez más populares en muchos países y en centenares de ciudades europeas. Aunque aún quedan automovilistas y otras personas que miran a los ciclistas por encima del hombro o con cierta indulgencia, porque creen que su forma de viajar se debe a dificultades económicas, se conoce que, de los usuarios del Bicing de Barcelona, un 30,6 por ciento posee nivel superior de estudios; un 22,3 por ciento tiene nivel medio; un 21,2 por ciento son administrativos y el 16,5 por ciento, estudiantes.

Fantasma próstata

Cuando se habla de hombres y bicicletas, siempre aparece un fantasma temido: los supuestos daños a la próstata, aunque no existen investigaciones —o al menos no aparecieron durante la elaboración de este reportaje—, que correlacionen el uso de la bicicleta con la aparición de la prostatitis o la hiperplasia prostática, entendidas respectivamente como inflamación y aumento del tamaño de la próstata.

Especialistas cubanos interrogados al respecto dijeron desconocer una relación directa entre ciclistas y las patologías mencionadas.

La señal más común de que algo no está bien es el adormecimiento de la zona del perineo, pero esta sensación también puede aparecer en dedos, manos y piernas del ciclista y responde sobre todo a inadecuadas posturas y en general a la forma en que se monta.

Desde que hace cuatro años JR publicó la innovación del holguinero Alejandro Jesús Rojas, quien diseñó un sillín en forma de herradura, protector de la zona urogenital, en el mundo no ha cesado la producción de asientos para bicicleta mal llamados antiprostáticos (el prefijo anti significa «opuesto» o «con propiedades contrarias», cuando su objetivo es proteger esa glándula), con ranura central, y de otros diseños que permiten apoyar los huesos pélvicos isquios.

No está demostrado que estos asientos eviten padecimientos, pero constituyen un aporte que se debe tener en cuenta. Se sabe que determinan en la salud, de acuerdo con el biotipo de cada ciclista, el tamaño del cuadro; las distancias entre el sillín y el bajante o potencia; la altura del sillín desde el eje pedalier y la inclinación del timón. Son detalles que no se aprenden en un día; forman parte de la cultura de la bicicleta y requieren divulgación.

Una fuerte inversión en salud

En ese Primer Mundo contaminador, derrochador y consumista se potencia la bicicleta y se difunden cada vez más las cualidades de este vehículo. Sin embargo, en países pobres que parecen especialmente «diseñados» por la naturaleza para ese medio de transporte, no se ha logrado, por coyunturas adversas, mantener un aprovechamiento estable de sus potencialidades.

Durante la década de los 90 del pasado siglo, en medio de la crisis y ante la ausencia de otros medios de transporte en Cuba, la dirección del país  no solo se apostó por la bici, sino que sus ciudadanos lograron insertarla en sus vidas de una manera que parecía definitiva.

En pocos años la nación prácticamente fue inundada de bicicletas. La población adquirió cientos de miles de unidades importadas de China, además de las fabricadas en la Isla, con créditos de ese país, algunas con una muy aceptable calidad.

Lamentablemente, pese a que las causas que dieron origen a su popularización se mantienen, numerosas circunstancias se combinaron para el «enfriamiento» del entusiasmo por la bicicleta. Entre estas se cuentan la imposibilidad, por razones económicas, de mantener buena parte de la producción nacional, y en consecuencia escasez y encarecimiento de los ciclos y piezas en las redes comercializadoras, que por lo regular solo aparecen en las tiendas recaudadoras de divisas, así como la desaparición de la infraestructura que se había creado: parqueos, ciclovías y servicios de reparación.

Ni siquiera los riesgos que pudiera implicar para la accidentalidad deberían adormecer un proyecto tan moderno y extraordinario, pues estos pueden disminuirse al máximo con facilidades para el ciclista en las redes viales y otras medidas preventivas y de educación ciudadana.

Un despachador de los ómnibus adaptados para transportar bicicletas a través del Túnel de la Bahía, quien se mantiene en el mismo puesto de trabajo en La Habana del Este, señaló que a mediados de los años 90 había 24 de estos ciclobús funcionando todos los días y ahora solo queda uno, «que traslada muchas más motos que bicicletas».

En la Isla quedan municipios y ciudades que conservan su fuerte tradición en el uso de la bicicleta, y se han expandido los llamados bicitaxis que alivian los graves problemas del transporte, pero cada vez es más raro encontrar en la capital y en otras urbes parqueos para los ciclos, aunque se trate de instituciones de salud, empresas, tiendas…

Las administraciones ya no contratan a parqueadores, tampoco les exigen a sus custodios que ofrezcan ese servicio, o estimulan el arriendo de espacios en las instalaciones para la promoción de este servicio por cuenta propia, a tono con las nuevas dinámicas económicas del país.

De objeto raro y juguete, este vehículo debería retomar su lugar como equipo necesario, pero esta vez sobre bases técnicas y científicas nuevas, para un uso más pausado y recreativo.

Ahora bien, no se trata de que otra vez el Estado subvencione la bicicleta, sino de que considere el regreso de esta como una inversión a la vez en transporte y bienestar, lo cual se traducirá en salud. Tal vez podrían crearse facilidades crediticias para la adquicisión de ciclos.

En la medida que la economía lo permita, todo ese hacer que desarrolló Cuba en la fabricación de bicicletas podría ser rescatado para producir no solo las pesadas montañesas y playeras, sino también modelos urbanos de los llamados híbridos, con cambios de velocidad y ruedas finas, adecuadas a las características físicas de los cubanos.

Serían vehículos aptos además para el turismo nacional. La reciente iniciativa de Campismo Popular de ofrecer la modalidad de cicloturismo alcanzaría un alto grado de aceptación en la familia cubana una vez que retoñe la cultura de la bicicleta.

Esta debería ser fomentada desde edades tempranas, porque los niños que aprenden a montar y reparar bicicletas y se familiarizan con las leyes del tránsito, están en mejores condiciones de convertirse en ciudadanos más capaces y responsables.

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