¿Cómo sortear los «extremos» del tiempo?

Novedosas estrategias para mitigar los efectos de los fenómenos climatológicos en la producción de alimentos son desarrolladas por el Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales

Autor:

Nelson García Santos

SANTO DOMINGO, VILLA CLARA.— Con más de 40 años de experiencia, el Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales (Inivit) demuestra que para conocer los avatares de la agricultura cubana hay que remitirse a este centro, más si se trata de buscar soluciones a las difíciles condiciones climáticas de la Isla y su afectación en la producción de alimentos.

De esta institución han nacido y se han validado más del 70 por ciento de las especies de viandas que se siembran en el país, con altos rendimientos y resistentes a plagas y enfermedades.

En los bancos de germoplasma en forma de semillas y esporas, Cuba conserva el mayor de América Latina de plátano fruta y vianda, con 340 clones de ambos, y el tercero en esa región de boniato, con 650 variedades. Igualmente atesora uno de los primeros del mundo de variedades de malanga y también de ñame, así como el tercero de yuca en nuestro continente.

El Inivit ha logrado también progresos en la línea investigativa destinada a dotar al país de plantas más resistentes al impacto de los fuertes vientos, sin que esto suponga eliminar las de superior porte.

En ese sentido destacan la creación de un plátano burro y otro de fruta, de poco más de un metro de altura en proceso de generalización. Igualmente se amplía la siembra de la yuca INIVIT 93-4, que tiene un porte inferior en 40 centímetros en comparación con otras variedades en explotación.

La pionera en la creación de variedades más resistentes, resultó la frutabomba Marador o Enana, con la que se obtuvo una mayor densidad de plantas por sembrado.

Para buscar respuestas a la interrogante de cómo sortear lo mejor posible los tres extremos naturales en los que se mueve la agricultura: intensa sequía, excesivas lluvias y huracanes, conversamos con el Doctor Sergio Rodríguez Morales, director de este centro.

Él conoce dónde están los nudos y hasta cómo deshacerlos. Nunca mira el campo desde la oficina, lo recorre, de manera sistemática, junto a otros especialistas, de una punta a la otra, para compartir conocimientos con los productores, como prefiere decir.

Puedo dar fe de que sabe de memoria los secretos de la tierra, por eso sus respuestas llegan precisas y convincentes sin tener que hojear una agenda o buscar en la computadora. Llevo más de 30 años visitando el Inivit en funciones de trabajo para dar a conocer la última variedad creada o el nuevo método para combatir una plaga o enfermedad.

Para el investigador y gran conocedor de la tierra cubana, es esencial aplicar una estrategia que nos permita producir alimentos independientemente de los impactos del cambio climático.

—¿Cuáles son las principales estrategias que se desarrollan?

—El país ha potenciado un grupo de ideas y nosotros trabajamos en distintas alternativas. Una de las más relevantes consiste en diversificar las variedades de plantas en las producciones agrícolas que por sus cualidades garanticen la producción en períodos de contingencias naturales.

«No debemos descuidar las estrategias acordes con las características de cada lugar, teniendo en cuenta las necesidades y potencialidades locales; es decir, el programa de autoabastecimiento municipal».

—¿Cómo lograrlo?

—Si trabajamos con integralidad podemos tener viandas a pesar del impacto climático. Debemos estar conscientes de la crisis que existe hoy con los alimentos y cómo se ha convertido en un gran negocio en todo el mundo. La tendencia es comprar alimentos en vez de producirlos.

—Los precios, ¿por las nubes?

—El alza está originada por diferentes causas, entre estas el incremento del costo del petróleo que dispara el de los fertilizantes y pesticidas; la especulación financiera y el uso de alimentos para los agrocombustibles.

«En Estados Unidos una cuarta parte del maíz que se produce lo utilizan para la producción de etanol. Si ese grano se dedicara a la alimentación humana pudiera beneficiar a 350 millones de personas», aseguró.

Como resultado, advierte el investigador, cada vez hay que utilizar más dinero y se compra menos. Solo el pasado año Cuba destinó 1 700 millones a adquirir comida en el exterior.

«La producción de alimentos es una cuestión de seguridad nacional, como lo ha reiterado el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, el General de Ejército Raúl Castro. Aun en situaciones difíciles, estamos en condiciones de producir; entonces, ¿por qué no hacerlo?».

—¿Dónde está el problema?

—Hay que tener claro que no partimos de cero, existen progresos y productores con buenos resultados, aunque todavía no suficientes.

«Paradójicamente no siempre concretamos lo que sabemos. En ocasiones la yuca y el boniato se siembran en terrenos bajos, y cuando ocurren fuertes lluvias se dañan. Sin disponibilidad de suelos altos, con buen drenaje, necesariamente hay que plantarlas sobre canteros. De este modo el surco se convierte en el desagüe natural».

—¿Y la malanga?

—Es un cultivo estratégico para mitigar el efecto de los huracanes o las intensas precipitaciones. Salvo en aquellos lugares en que se encharque el agua, por mucho que llueva si posee un buen cantero nunca se pudre.

«Ahora estamos proponiendo sembrar malanga isleña, colocasia y xanthosoma, en suelos de buena retención de humedad. Esta última, por ejemplo, en secano puede dar entre cuatro y cinco mil quintales por caballería. Igualmente es necesario extender el cultivo del ñame; el país cuenta con más de cien clones de esta especie».

—¿Existen viandas rústicas?

—La yuca resulta una planta muy tolerante a la sequía, prácticamente de secano. Si se espera a que comiencen las lluvias en marzo, abril o mayo para sembrarla, te pasas una cantidad de tiempo sin esa vianda. Sin embargo, el riego da la posibilidad de plantar yuca en noviembre con una pequeña aplicación inicial y otra después. A pesar de que este tubérculo es rústico, igual que el plátano burro, requiere de atenciones.

—Se comenta sobre el burro enano…

—Es verdad que este tipo de plátano se ha reportado en determinadas ocasiones como sensible al mal de Panamá, pero solo se trata de plantarlo como opción válida contra la afectación de los huracanes. Nunca hemos recomendado extenderlo excesivamente.

—¿Qué otras acciones sugieren para proteger los platanales?

—Tenemos que volver a las cortinas rompevientos, que en Cuba ya se utilizaron. No tienen que ser tan altas; se pueden lograr empleando plantas frutales como el tamarindo, que el viento lo dobla y el gajo toca el suelo sin partirse.

«Además podemos cosechar calabaza, plátano, boniato, malanga y ñame; estas dos últimas, conservadas al fresco, duran meses después de extraídas de la tierra».

«La yuca tiene la particularidad de que se puede conservar en el mismo terreno y el boniato dura cerca de un mes».

—Aun así sigue siendo difícil producir…

—El trópico es impredecible. Ahora mismo en unas horas cuánta agua cayó en Sancti Spíritus y después en Mayabeque. Pero hay que sembrar y utilizar las variedades apropiadas. Se ha demostrado que en los últimos cien años el 50 por ciento de los incrementos de los rendimientos han estado asociados a la simiente y a la variedad.

—¿La semilla constituye otra limitante?

—Contamos con tecnologías de sistemas de propagación acelerada de semillas, que de lograr explotar las actuales potencialidades del país pudieran llegar a los 40 millones anualmente. El conocedor sabe, por ejemplo, que si una mata de plátano tiene un racimo pequeño y muchos hijos, estos jamás se deben seguir cosechando.

—¿En qué época resulta más destructor el azote de los fenómenos atmosféricos?

—Peligrosísimos para la agricultura son los de junio, julio y agosto, debido a que pueden ocasionar un daño superior a si ocurrieran en septiembre, octubre y noviembre. Por lo general, en los tres primeros meses indicados se pueden aprovechar menos las cosechas afectadas, porque hay mucho plátano tierno, la yuca está en desarrollo y por donde pasan los vientos y las lluvias acaban con los frutales, incluidos el aguacate y el mango.

—Definitivamente sí se puede cosechar para mitigar el impacto del cambio climático…

—Sí. Siempre que empleemos las alternativas conocidas, mientras las investigaciones faciliten otras variantes. Inevitablemente tenemos que aprender a convivir con los ciclones, las lluvias y las sequías. Estamos en el trópico.

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