El mundo desde las manos

Aunque el programa de estudio para los niños con dificultades visuales implementado en Cuba incluye el uso del bastón a partir del quinto grado, una nueva indagación sugiere que debería hacerse antes

Autor:

Margarita Barrios

Loraine, Dayron, Jean Luis y Maikel manejan con soltura el bastón por los pasillos de la Escuela Especial Abel Santamaría, de La Habana. A pesar de sus escasos años y la falta de visión, el paso es firme y seguro.

Su maestro Carlos los observa en cada movimiento. El bastón delante del ombligo —les dice—, y ellos asumen la postura adecuada con los pequeños bastones, preparados para su corta estatura.

Rosalí y Yeanni, ambos de noveno grado, consideran al bastón «el mejor compañero», pues les permite ser más independientes, salir solos a la calle y sentirse seguros.

El programa de estudio para los niños y niñas con dificultades visuales implementado en Cuba incluye el uso del bastón desde el quinto grado. Sin embargo el máster en Educación Especial Carlos Llera González, a partir de sus investigaciones, propone comenzar desde mucho antes.

«La novedad está centrada en un programa que permita el desarrollo de la orientación y movilidad para los niños y niñas deficientes visuales desde las edades más tempranas», explica a Juventud Rebelde el maestro, quien durante 47 años ha dedicado su trabajo a la atención a los alumnos con necesidades educativas especiales.

«Las técnicas de orientación y movilidad se comienzan a impartir desde el quinto grado, y no se incluye a la familia como parte de la preparación de los infantes ciegos.

«Por ello me dediqué a investigar, a buscar bibliografía actualizada. He trabajado con unos 40 niños durante varios años y le puedo asegurar que los resultados son muy buenos.

«He probado que es un mito pensar que los pequeños no aprenden a usar el bastón. Es todo lo contrario: aprenden rápido y bien».

—¿Cuáles son las ventajas de comenzar desde temprano a usar el bastón?

—Son varias. Por una parte los hace más independientes. Si un día les falta una persona que los acompañe, ellos pueden valerse por sí mismos.

«Además, en algunas ocasiones existe cierto complejo en usar el bastón, porque es el símbolo del ciego. Ese es un mito que es necesario romper; incluso forma parte de preceptos establecidos por los familiares.

«En las edades preescolares el bastón se convierte en un juguete; algunos hasta se montan en él como si fuera un caballito, pero aprenden a usarlo. Que no pueden hacerlo es una invención; yo lo he demostrado».

—¿Pudo detectar cuáles son las principales dificultades para atender a los niños y niñas ciegos o con baja visión?

—Ellos tienen, desde edades tempranas, grandes dificultades en su orientación espacial e imagen corporal. Además, tienen deficiencias en el conocimiento del entorno, de los colores e incluso de todo lo referente a su alimentación.

Llera desarrolló anteriormente investigaciones acerca del uso de los olores para enseñar los colores a los niños y niñas ciegos o débiles visuales. Asimismo, ha utilizado la equinoterapia para mejorar la postura corporal.

Todo ello permite también un mejor conocimiento del entorno y la naturaleza para quienes no tienen la posibilidad de verla, apoyándose en otros sentidos como el olfato, el gusto y el tacto.

«Por ello este programa que ahora propongo incluye todas mis investigaciones y es una herramienta de trabajo que permite enfrentar con preparación los problemas de imagen corporal, equilibrio, marcha y orientación espacial, así como estimulación y conocimiento referentes a los colores».

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